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La burbuja del oro llega al centro de Madrid

19/11/2010 06:00 | Ana P. Alarcos
La escalada del precio del oro ha convertido la compraventa de este metal en un negocio muy rentable. El número de locales en el centro de la capital se ha multiplicado por cinco en dos años y se han creado muchos puestos de trabajo. Sin embargo, los comercios tradiciones se quejan de la caída de sus beneficios, y las joyerías, de tener que reinventarse.
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Los carteles amarillos de ‘compro oro’ han invadido el corazón de la capital. Desde hace un par de años, comercios tan famosos como el Corte Inglés o Fnac comparten su día a día con unos negocios basados en la compraventa del metal precioso por excelencia. Locales a pie de calle y primeros pisos de los edificios más céntricos han decorado la escena madrileña con sus precios y ofertas, y han utilizado la burbuja del oro como una forma de hacer dinero.

Esta oportunidad de negocio, que ya surgió con el estallido de la crisis, ha encontrado en la subida del precio del oro su mejor aliado. Prueba de ello es que el número de establecimientos se ha multiplicado por cinco en los últimos dos años, según comentan los comerciantes de la zona. Además, se han creado numerosos puestos de empleo, porque cada establecimiento cuenta, al menos, con un 'hombre cartel'.

El boom de las tiendas de compraventa de oro ha estado acompañado en todo momento por el rally que ha vivido la materia prima en el mercado. En concreto, el metal precioso se ha disparado un 64% desde finales de 2007, hasta alcanzar los 1.340 dólares por onza (es decir, unos 984 euros por cada 28,7gramos). Pero el gran repunte amarillo se ha producido este año. Desde el pasado mes de enero, el precio del oro ha crecido casi un 22%, y esta subida se ha trasladado directamente al negocio.

“Hace seis años, el gramo se pagaba a 7 euros, el año pasado, ya se pagaba a unos 13-14 euros, pero que este año ya estamos pagando 20 euros”, asegura el propietario de uno de los comercios, que calcula que un reloj de caballero de oro de 18 kilates, que pesa unos 70 gramos, ahora vale unos 490 euros más que en 2009.

Sin embargo, lo que para muchos locales se ha convertido en una buena oportunidad de negocio, para otros ha sido un perjuicio. Éste es el caso del negocio tradicional de la compraventa, donde se incluyen tanto joyerías como los ‘compro oro’ que llevan cerca de 20 años en la zona. Estos comercios han visto cómo la burbuja del oro, unida a la crisis, se ha comido la mitad de sus beneficios.

En concreto, el dueño del establecimiento de la calle Montera nº13, que lleva 26 años en el gremio, se lamenta de que “la competencia es espectacular. En el piso de abajo tengo un competidor, dos números más abajo tengo otro y, en el edificio de enfrente, otro. En el último año y medio, aproximadamente, mi negocio ha caído hasta un 40%".

Aunque ahora más gente empeña joyas y todo tipo de elementos decorativos, continúa, “nos la tenemos que repartir entre más. Además, ahora tenemos que pagar más a los clientes porque la materia prima está cara y he tenido que contratar a dos personas para que promocionen en la calle mi local… Es decir, apenas han crecido mis ingresos, mientras que mis gastos se han disparado”.

En la misma calle, pero unos números más arriba, el propietario de una tienda de joyas y bisutería se queja de que sus ventas han caído más de un 50%, e incluso ha tenido pérdidas en los últimos meses. Por eso, ha decidido poner en venta su local en varias inmobiliarias. “Tengo 56 años y me he dedicado toda la vida a ésto. No tengo otra opción”, asegura el comerciante.

Hasta el Corte Inglés de la calle Preciados, una de las calles comerciales más importantes del país, ha notado la caída de las ventas. “No podemos cifrar el impacto, pero los productos se han encarecido por la subida del precio del oro y, sin duda, las ventas se han reducido”, dicen desde los grandes almacenes.

Las joyerías de la zona también se han visto perjudicadas por la fiebre amarilla. En primer lugar, porque les cuesta más hacerse con la materia prima y, en segundo lugar, porque el consumo se ha desplomado. Desde que estalló la crisis, la gente se está apretando cinturón y, como es lógico, caprichos como un collar o un reloj nuevo han dejado de estar entre las prioridades de la gran mayoría de los consumidores.

Ambos factores han obligado a muchas joyerías a reinventar sus negocios y a apostar por unos productos más baratos, que son, en principio, fáciles de vender al cliente de clase media. Este escenario, además, se une al palo que han recibido las joyerías con la crisis. Algunas, incluso, han decidido dar un giro radical a sus tiendas.

Un pequeño establecimiento, situado a pocos metros de Fnac, por ejemplo, explica que “vamos a aprovechar para cambiar toda la joyería y ajustarnos al momento actual. Estamos reduciendo los precios para liquidar, hacer todas las reformas y seguir haciendo nuestro trabajo”.

Sin embargo, muchos coinciden en afirmar que los inversores, que están apostando su dinero en el metal porque no se fían de las bolsas, podrían dejar de hacerlo dentro de poco, lo que provocaría el fin de la burbuja. Así que si quieres vender algo para sacarte una paga extra, aprovecha ahora, o guárdatelo para siempre.

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