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Economía, negocios y finanzas

Rafael Santamaría, el último mohicano del ladrillo español

12/03/2010 | Enrique Utrera

Rafael Santamaría Trigo, presidente de Reyal Urbis, se ha acostumbrado a vivir en el alambre. Amenazado hasta el lunes por el fantasma de una suspensión de pagos de altísimos vuelos, este madrileño de 58 años ha tirado de habilidad para convertirse en el último superviviente del ladrillo cotizado español.

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Rafael Santamaría Trigo, presidente de Reyal Urbis, se ha acostumbrado a vivir en el alambre. Amenazado hasta el lunes por el fantasma de una suspensión de pagos de altísimos vuelos, este madrileño de 58 años ha lidiado con mano firme a un miura de cinco años en forma de refinanciación de cuyos pitones salieron compuestos y sin inmobiliaria otros ilustres colegas como Luis Portillo o Román Sanahuja.

El secreto, según el consenso de sus competidores y de los banqueros que le financiaron la compra de Urbis en la parte más alta del ciclo, consiste en que “es muy listo. Pero, sobre todo, no ha dudado desde el primer momento en avalar con todo lo que tiene su participación en la compañía. Eso impone mucho respeto y ha permitido que los bancos hayan apurado todas las opciones para evitar el concurso de acreedores que en algunos momentos parecía la única salida”.

Suena bien la loa, que no esconde sin embargo una dura realidad: la segunda refinanciación en quince meses de Reyal Urbis, a la desesperada y en el último minuto, responde también a la necesidad de los bancos de sacar adelante operaciones en las que no creen para evitar el drama de trasladar a sus balances el dramático impacto de un concurso de acreedores. Es el chantaje que a todas las partes impone la crisis inmobiliaria y financiera que azota el país.

Lo cierto es que Santamaría sigue vivo y coleando, que no es lo mismo que gozar de buena salud pero que no suena mal a la vista de la suspensión de pagos de Martinsa Fadesa, la declaración de insolvencia de Sacresa o los desastres de Habitat o Nozar, sólo por citar varios ejemplos. A todos ha sobrevivido el presidente de Reyal Urbis, al que la crisis de la empresa ha puesto contra la pared.

Las especulaciones han sido continuas: desde que sería reemplazado como primer ejecutivo del grupo hasta que se vería obligado a vender sus mejores activos a la voz de ya, pasando porque los bancos acreedores se harían con el control del grupo.

Pues no se ha cumplido ninguna de las tres. El arquitecto técnico sigue en su silla, ha conseguido que los bancos compartan con él los riesgos de sacar la compañía adelante y conserva sus mejores inmuebles. Sirva como ejemplo el madrileño centro comercial ABC Serrano por el que suspiran inversores ávidos de comprar barato lo mejor.

Los algo más de 4.000 millones de deuda de Reyal Urbis ya están refinanciados. El plan de reestructuración elaborado por Lazard ha recibido el visto bueno de las entidades financieras, que han aplazado el vencimiento del crédito sindicado hasta 2015 y le han concedido a Santamaría 75 millones para mantener la actividad del grupo.

Si todas las partes ganan, el tiempo lo dirá. Para Santamaría, la refinanciación es algo más que un balón de oxígeno; supone la confirmación de que su estrategia de mantener sus mejores activos a toda costa era la única posible. Sólo así se ha obrado el milagro de que ese enfermo con una mala salud de hierro llamado Reyal Urbis y su presidente, el último mohicano de un sector hundido, sigan de pie.

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