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La película de un día de furia: de 'Apocalypse Now' a 'Uno de los nuestros'

12/07/2011 20:00 | Álex Medina R. / Ana P. Alarcos
La jornada de ayer en los mercados ha seguido uno de los guiones más vertiginosos que se recuerdan. En el arranque, los parqués se desplomaban en proporción inversa a la que se disparaban las primas de riesgo. Pero, finalmente, la tormenta amainó y el día terminó con un sabor más dulce que amargo. Ésta es la película financiera del martes 12 de julio.
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"Me gusta el olor del napalm por la mañana". Los inversores se levantaron ayer con este ánimo en el cuerpo. Y, como Robert Duvall en Apocalypse Now, empezaron a bombardear las bolsas de toda Europa sin piedad a partir de las nueve de la mañana.

Llovía sobre mojado, porque los parqués del Viejo Continente venían de un lunes al borde de un ataque de nervios y un viernes de terror. Todo, por culpa de la sombra de la duda que se extendió a finales de la semana pasada alrededor de los bancos italianos ante la inminente publicación de los test de estrés en toda Europa (prevista para el viernes y de la que podrían salir mal parados). La sospecha prendió rápido.

Hasta ayer. El martes ha estado a punto de derivar en tragedia hispano-greco-romana, pero finalmente las aguas se calmaron a última hora de la mañana y la película finalizó sólo con sabor agridulce. Que, tal y como iba el guión, no está nada mal.

El último gran héroe, en este caso, corrió a cargo del Banco Central Europeo, que intervino como pudo y dio la vuelta a una brújula que habían mareado los líderes europeos con tantas reuniones y tantas faltas de acuerdo sobre cómo afrontar la crisis griega y actuar ante la nueva oleada italiana.

Sea por las dudas de unos (los inversores) como de otros (los dirigentes) la Bolsa de Madrid abrió en la mañana de ayer con una profunda sangría, después de haber perdido un 2,7% el día anterior y un 2,53% el viernes.

En pocos minutos, el Ibex 35, que recoge a las empresas más importantes del país, acumulaba pérdidas cercanas al 4% y rompía incluso los famosos soportes a la baja (expresión técnica que marca un hipotético suelo máximo al que puede caer la cotización). La Bolsa de Milán se dejaba un 5% mientras en Francia y Portugal (además de Bélgica y Holanda) se estropeaban los indicadores de cotización.

Esto no es una metáfora cinéfila, esto es cierto: cuatro grandes parqués europeos se quedaron sin actualizar sus números en un día tan tenso como el de hoy. La negociación continuó a ciegas hasta última hora del día.

¿Qué hace una prima como tú en un sitio como éste?

Volviendo a Madrid, gran parte de la matanza sufrida a primera hora procedía del comportamiento de la prima de riesgo (o el diferencial entre el bono a diez años español y el alemán). El indicador que marca la rentabilidad suplementaria que tenemos que ofrecer para que los inversores nos compren (cuanto más alta, más hay que dar a cambio) rompió cualquier récord anterior (que venía del lunes, todo sea dicho) y pasó de 340 a 380 puntos básicos en una hora.

Traducido a porcentaje, la rentabilidad se fue al 6,3%, cuando tantos expertos han dicho tantas veces que todo lo que sea superar el 6% nos acerca a la definición de bono basura. Dar un beneficio alto a los inversores es un símbolo de desesperación, ya que denota, en el lenguaje propio de los mercados, un mayor riesgo a la hora de cobrar en un futuro.

¿Y qué decían los máximos responsables de las finanzas comunitarias? Nada. No se aclaraban demasiado. Y lo poco que trascendía causaba temblores en la jungla de cristal en que se habían convertido las bolsas. Como cuando sobre las once de la mañana el ministro holandés anunció que Europa se rendía, que es posible que Grecia entre en quiebra parcial...

Una declaración que iba en contra de los argumentos esgrimidos desde hace semanas por el Banco Central Europeo, al que vamos a dejar enfadado por esta rendición oficial y al que volveremos más adelante.

Porque en esto que, a mediodía, las subastas de Letras a las que se enfrentaban Grecia e Italia salían bien paradas, a tenor de cómo arreciaba la tormenta. Los griegos, incluso, obtuvieron mejor resultado del esperado, aunque los italianos vendieron a cambio de una rentabilidad no vista desde 2008.

Aunque lo importante era que, de pronto, el mercado daba una buena señal, el guión regalaba un resquicio de esperanza. La película, en realidad, ya había cambiado por completo. Al igual que un rumor negativo desata una oleada de ventas (y, por lo tanto, de caídas bursátiles), un buen rumor puede obrar el efecto contrario.

En pocos minutos comenzó a circular la sospecha de que el BCE se había enfundado el traje de último 'boy scout' y comprado deuda de países periféricos. Suficiente. Ni siquiera tenía que ser verdad. Las bolsas empezaron a retroceder, a moderar sus caídas y el Ibex hasta se atrevió a tontear con las ganancias durante unos instantes.

El retorno del Ibex se producía mientras el presidente español y el del Consejo Europeo, Hernan Van Rompuy, daban una rueda de prensa conjunta en Madrid. En ella, el dirigente socialista fue especialmente duro con Alemania y le reprochó el papel jugado durante la última incertidumbre en torno a Grecia.

Van Rompuy, por su parte, volvía a mostrar que el club de los ministros de Finanzas todavía no está muerto y sugirió que el viernes, el mismo día en que se conocerá si los bancos europeos superan las pruebas a la que les somete Europa, podría celebrarse una nueva reunión al máximo nivel para buscarle una salida al atolladero actual.

A estas alturas de la película, el spread (que es otra forma de definir la distancia entre el bono alemán y el español) había iniciado su descenso definitivo, hasta rebasar primero el límite de los 340 del lunes y terminar posándose en el entorno de los 315 puntos básicos. ¿La rentabilidad? Pues bajó del 6% y se estabilizó en el 5,85%.

La bolsa, claro, actuó en consecuencia a todo lo anterior y cerró el día con un recorte del 0,69%, una cifra propia de un martes cualquiera y muy alejada de lo que podría haber sido de seguir el guión original, propio de un día de furia. Como en un final de Spielberg, casi todo el mundo acabó contento.

El casi lo ha marcado Italia que, tras varios meses ajena a las crisis de los periféricos, se ha convertido definitivamente en uno de los nuestros.

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