8/10/2009 19:38 Leer artículo completo en
Fran Sevilla
Era enero de 1992. La guerra en la antigua Yugoslavia avanzaba sin tregua, dejando a su paso muerte y destrucción. Y lo peor estaba aún por llegar. Yo andaba por Zagreb. Cuando disponía de un ratito de calma, entre crónica y crónica, entre bombardeo y bombardeo, me iba a comer a la parte antigua de la capital croata, a un restaurante que se llamaba Stari Vjura, el Viejo Reloj, y que me había enseñado unos meses antes mi gran amiga Mirjana Tomic.