martes, 9 de febrero de 2010 - 22:52 h
La Universidad de Padres enseña a educar. El proyecto está respaldado por el filósofo José Antonio Marina y es gratuito para los progenitores.
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Suele decirse que “lo único que nadie te enseña es a ser padre”, pero la frase ya no es del todo cierta. Se puede aprender a educar a los hijos en la Universidad de Padres (UP), creada por el filósofo José Antonio Marina para ayudar en el difícil camino de la crianza y la transmisión de valores y conocimientos a los niños. La entidad, que en unos días abrirá su segundo período de inscripción, funciona a través de un campus online, en forma gratuita y como parte de un proyecto de investigación que busca “recuperar un discurso educativo optimista y alegre” y se basa en la creencia de que “toda la sociedad debe implicarse en la tarea educativa”.
“Nuestro objetivo es ayudar a los niños a que adquieran los recursos intelectuales, emocionales y morales suficientes para estar en buena forma cuando dejen la etapa educativa y poder así resolver sus problemas, tomar decisiones y evitar conductas de riesgo”, explica Marina.
Para conseguirlo, la Universidad de Padres, que funciona mediante cursos anuales según la edad de los hijos y en base a los principios de la Movilización Educativa, propone “programas teóricos y prácticos en los que actitudes como la valentía, la resistencia y la autonomía son muy importantes para que los niños sepan enfrentarse a las cosas y resolverlas”, añade Marina.
El campus online comenzó a funcionar el año pasado con un único curso experimental para padres de niños de 0 a 3 años. La iniciativa, que no tuvo ningún tipo de publicidad ni promoción, convocó rápidamente a 3.500 familias interesadas, de las cuales sólo 500 han podido asistir debido a las limitaciones de personal y recursos.
En este segundo turno, cuyo período de inscripción se abre el 15 de este mes, se han ampliado los ciclos hasta los 9 años y se podrá dar cabida hasta a 1.500 padres, siempre sin coste gracias al compromiso ineludible que ha adquirido Marina con este proyecto.
“Lo estoy financiando yo con los derechos de mis libros. Afortunadamente puedo permitírmelo. Cuando tengamos los programas terminados, o sea ampliados hasta los 16 años, que calculamos será en 2010, evaluaremos la posibilidad de pedir apoyo a fundaciones”, señala.
Gratis pero con deberes
Si bien no hay que pagar por estudiar en esta peculiar universidad, quienes lo hacen deben comprometerse a realizar los trabajos propuestos, estar en contacto con los tutores asignados a su caso, colaborar con el resto de padres y participar activamente en el programa, de manera que su experiencia pueda servir para terminar de darle forma al currículo.
Marina dice que es la única contrapartida que se les exige a los padres a cambio del asesoramiento profesional. “Cuando admitimos a un alumno - precisa- hacemos un compromiso educativo: garantizamos que la información que le damos es lo más contrastado y serio que hay en todo el mundo en el tema y que no tenemos ninguna tendencia religiosa o política ni ataduras económicas”.
Las primeras conclusiones
La Universidad de Padres es un proyecto en desarrollo y permanente actualización. Las primeras evaluaciones estarán disponibles este verano, pero ya Marina se atreve a adelantar algunas conclusiones derivadas del trabajo realizado hasta el momento con las familias.
La que más ha sorprendido al filósofo es la culpa que aún acecha a las madres trabajadoras. “A día de hoy todavía siguen sintiéndose culpables por no estar más tiempo junto a sus hijos y realmente no tienen motivos para ello”, asegura.
“Los niños y adolescentes –añade- necesitan un nivel mínimo de cuidados educativos para poder desarrollarse bien, pero ese nivel puede darse desde muchos sitios y personas. Los padres son los responsables de que efectivamente se produzca pero no los únicos que deben o pueden educar”.
Marina remarca que la mayoría de los padres apuntados son trabajadores ambos, aunque “continúan participando más activamente las mujeres”. El equipo pedagógico a cargo de los cursos ha notado que casi todos están obsesionados con la educación de sus hijos, a tal punto que lo primero que deben hacer es “tranquilizarlos, porque suelen pensar que si hacen algo mal ya no tendrá solución y afortunadamente los niños tienen más recursos de lo que se cree”.
Finalmente los casos que se estudian en la universidad también ha revelado que los primeros años de vida de un niño son los más angustiosos para sus progenitores. “Los padres al principio están sobrecargados de trabajo, agotados, y entonces tienen preocupaciones propias de la crianza, como el sueño y la alimentación, más que educativas y problemas de pareja. Tenemos que ocuparnos de ellos más que de los niños”.
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