martes, 9 de febrero de 2010 - 23:29 h
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Famosa por sus flores, Madeira está ahora en el punto de mira gracias al mismísimo Cristiano Ronaldo, natural de la isla. El primer recuerdo del archipiélago portugués que se quedará en la memoria del viajero llegará cuando el avión tome tierra. Ese pequeño, pero crítico, instante en que a ras de la superficie del océano el tren de aterrizaje se posa sobre una corta plataforma artificial construida sobre el mar, porque la acusada orografía de la isla no permite hacerlo en otro sitio. Una vez recogidas las maletas, acostumbrarse al clima de Funchal, la capital, resulta una tarea bastante sencilla. La mayor parte del año gozan de una temperatura media equivalente a la de sus homólogas españolas, las Islas Canarias, unos 20-25° en la zona sur, mientras que al norte rondan los 10-15° y son frecuentes las lluvias. Este contraste hace posible ofrecer al viajero días calurosos y otros más templados, e incluso fríos, con tan sólo desplazarse unos kilómetros de un punto a otro. Madeira, llamada la «Isla de las flores», se presenta como el lugar ideal para disfrutar del equilibrio perfecto entre cuerpo y mente. Con un aire puro y balsámico, aroma fresco de flores y la tranquilidad propia de una isla en pleno Atlántico, constituye en sí misma un oasis. Además, la isla cuenta con una oferta hotelera de gran calidad –la mayoría de cuatro y cinco estrellas–. Dormir en una quinta No obstante, para disfrutar de una estancia típica, la mejor opción son las quintas, antiguas y lujosas residencias de hombres adinerados de otra época enmarcadas en bosques ajardinados, que en la actualidad se han remodelado y convertido en alojamientos de primera categoría. El paradisiaco archipiélago ofrece un viaje diferente, pues se trata de un rincón salvaje e inhóspito cuyo elemento principal queda representado por el Bosque Laurisilva, un ámbito natural clasificado por la Unesco como Patrimonio Mundial Natural y uno de los pocos en el mundo que conserva la pureza que una vez existió hace millones de años por estas tierras. En Madeira existe una variedad incomparable de actividades: desde «trekking» en las levadas hasta la práctica del golf con vistas al mar, pasando por deportes de aventura y náuticos como la pesca en alta mar o el buceo. La punta de San Lorenzo, en el extremo más oriental de la isla, recibe el nombre de Carabela de Joao Gonçalves Zarco. En la obligada visita a esta zona, considerada el fin del mundo, el viajero disfrutará de una impresionante panorámica del océano y, a ambos lados, altos y abruptos acantilados castaños, tejas y ocres de la bahía de Abra. A siete kilométros del centro de Funchal, ladera arriba se encuentra la pequeña población de Monte. Fue el lugar de veraneo por excelencia hasta los años 40 y donde se construyeron las quintas de los habitantes más ricos. Allí destaca la iglesia de Nuestra Señora do Monte, del siglo XVIII. Además, entre el Jardín Botánico, el de la Orquídea y el de Monte Palace se pueden ver más de 52.000 plantas exóticas de todo el mundo. En la capital, no hay que pasar por alto el museo del Vino, donde se muestran las peculiaridades del jugo de la uva de la zona, y el Mercado de Labradores, donde se prueban, de la mano de sus vendedores, las peculiaridades de su cocina, como los afamados frutos de colores típicos de la isla. Puntuaciones Comunicaciones ** Gastronomía **** Hoteles ***** Playas **** Clima ***** Ocio *** Cómo llegar. La aerolínea Air Portugal une Madrid y Funchal desde 136 euros el trayecto. Consejos. Para caminar por las levadas se recomienda ropa y calzado cómodo, una linterna y buscar un buen guía. Más información. En la página web www.visitportugal.com.
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