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jueves, 23/05/13 - 01: 58 h

turismo

Escapada de verano: 5 propuestas originales para huir del calor en Europa

Maria Torrens

viernes, 02/07/10 - 06:00

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  • Acantilados de Moher, Irlanda

    Acantilados de Moher, Irlanda

    La brisa y la sensación de libertad en estas grandes paredes de la costa occidental de Irlanda de 214 metros de altura (mucho más alto que la Torre Picasso de Madrid, con 157 metros, y muy cerca de la nueva Torre Espacio, la más baja de las Cuatro Torres de la capital española, con 230 metros de altura) te ayudarán a desconectar en uno de los parajes más conocidos de la Isla Esmeralda, pero poco visitado por los españoles.

    Pero no te preocupes por una posible avalancha de turistas (cerca de un millón de turistas lo visitaron en 2006): tienes ocho kilómetros para perderte.

    Los acantilados están entre los finalistas a las siete nuevas maravillas naturales del mundo; no sólo por sus paisajes, sino porque además acoge una importante colonia de aves marinas tan sólo hora y media en coche desde Galway (con vuelos desde España) y poco más de tres horas desde Dublín (a 255 km de Doolin, población principal de los acantilados).

    Dixi Media Digital
  • Playas del Mar Báltico, Alemania

    Playas del Mar Báltico, Alemania

    Si necesitas refrescarte de verdad, éste es un sitio idóneo: el Mar Báltico no tiene pleamar ni bajamar , por lo que incluso “se congela fácilmente” en invierno, según cuenta la página web oficial de turismo en Alemania. Pero no te asustes, porque la temperatura máxima en verano es similar a la de Canarias: entre los 20 y 27 grados. Eso sí, llueve más, entre 10 y 13 días al mes. Al contrario que las playas del Mar del Norte, que dan al Atlántico, la costa del Mar Báltico está más protegida tras el canal de Kiel y sufre menos los embates del océano.

    Además, si alquilas un coche, puedes aprovechar los días lluviosos para visitar las grandes ciudades cercanas: las playas se extienden desde Flensburgo (en la frontera con Dinamarca y a tres horas -321 km- de Copenhague) pasando por la ciudad portuaria de Rostock (con ofertas de pequeños cruceros y un festival de veleros a inicios de agosto) hasta Stralsund (a dos horas y media -270 km- en coche desde Berlín).

    En la imagen, una playa de Prerow, entre Rostock y Stralsund (autor Simon Koopmann).

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  • Minas de sal de Wieliczka, Polonia

    Minas de sal de Wieliczka, Polonia

    A escasos 10 kilómetros de Cracovia, una bonita ciudad europea que bien merece una visita, se encuentran las minas de sal más grandes de Europa. Explotadas durante siglos, ahora están abiertas al público.

    Las cuevas se mantienen en una temperatura estable de alrededor de 14 grados en todas sus estancias (la administración de la mina aconseja llevar algo de abrigo), a las que se baja andando mientras se conocen las técnicas de los antiguos mineros de sal y se descubren numerosas esculturas y capillas esculpidas al 100% en este mineral blanco.

    Impresionante la enorme iglesia bajo tierra de Santa Kinga en la que hasta las lámparas de araña que cuelgan del techo están esculpidas en sal. El toque final lo pone la subida a la superficie en el minúsculo y antiguo ascensor que uno vez emplearon los mineros (las personas que lo necesiten también realizar la bajada en un ascensor para ello).

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  • Patrimonio de la Humanidad x 3

    Patrimonio de la Humanidad x 3

    Riga, la capital de Letonia (con vuelos directos desde Barcelona) es un poco menos desconocida desde que se celebró el festival de Eurovisión allí en 2003, pero tanto este país como sus primos hermanos Lituania y Estonia aún son destinos con muchos secretos por descubrir. Y sus tres capitales han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

    En Riga aún puedes admirar la típica arquitectura de madera, mejor conservada en las ciudades de provincia, y numerosos edificios de ‘art nouveau’. En Tallín (capital de Estonia) disfrutarás de un entorno más medieval, mientras que en Vilna (capital de Lituania) el barroco es lo más destacable.

    Pero más allá de las tres capitales, la naturaleza en estas antiguas repúblicas soviéticas aún se conserva en un estado mucho más virgen que en la mayoría de la Europa Occidental. Densos bosques, verdes colinas, dunas de arena en Curlandia y fauna como la población de 400 lobos o los numerosos castores te sorprenderán. Todo ellos sin contar con el folclore y la tradición de las pequeñas localidades y pueblos de estos países bálticos.

    Dixi Media Digital
  • Capital de Europa y alrededores, Bélgica

    Capital de Europa y alrededores, Bélgica

    Las cortas distancias en Bélgica (240 km de la punta este a la oeste) permiten realizar una ruta bastante completa en pocos días. En Bruselas vale la pena es dar un largo paseo por los alrededores de la Grande Place, donde está el ayuntamiento, y la iglesia del Sablon, con varias tiendas de ricos chocolates (una caja pequeña puede costar fácilmente 20 euros, pero si te gustan los bombones, vale la pena el capricho).

    Además, si quieres probar las famosas patatas fritas belgas, nada mejor que el centenario quiosco Maison Antoine en la Place Jourdan, cerca de la sede del Parlamento de la Unión Europea. El toque más cultural te lo dará el Museo Magritte de arte moderno.

    Fuera de la capital, no te puedes perder la Brujas (la Venecia del Norte) ni Gante (en la imagen). Del 17 al 26 de julio son las fiestas de esta bella ciudad medieval con agradables terracitas en las que cenar a orillas de su canal. La ciudad universitaria de Lovaina también merece una breve visita. Y si no te puedes resistir a darte un chapuzón, acércate a las playas de la zona de Ostende. Pero no vayas a la principal, y menos en fin de semana, pues todos los belgas huyen aquí para refrescarse.

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Acantilados de Moher, Irlanda

La brisa y la sensación de libertad en estas grandes paredes de la costa occidental de Irlanda de 214 metros de altura (mucho más alto que la Torre Picasso de Madrid, con 157 metros, y muy cerca de la nueva Torre Espacio, la más baja de las Cuatro Torres de la capital española, con 230 metros de altura) te ayudarán a desconectar en uno de los parajes más conocidos de la Isla Esmeralda, pero poco visitado por los españoles.

Pero no te preocupes por una posible avalancha de turistas (cerca de un millón de turistas lo visitaron en 2006): tienes ocho kilómetros para perderte.

Los acantilados están entre los finalistas a las siete nuevas maravillas naturales del mundo; no sólo por sus paisajes, sino porque además acoge una importante colonia de aves marinas tan sólo hora y media en coche desde Galway (con vuelos desde España) y poco más de tres horas desde Dublín (a 255 km de Doolin, población principal de los acantilados).

Playas del Mar Báltico, Alemania

Si necesitas refrescarte de verdad, éste es un sitio idóneo: el Mar Báltico no tiene pleamar ni bajamar , por lo que incluso “se congela fácilmente” en invierno, según cuenta la página web oficial de turismo en Alemania. Pero no te asustes, porque la temperatura máxima en verano es similar a la de Canarias: entre los 20 y 27 grados. Eso sí, llueve más, entre 10 y 13 días al mes. Al contrario que las playas del Mar del Norte, que dan al Atlántico, la costa del Mar Báltico está más protegida tras el canal de Kiel y sufre menos los embates del océano.

Además, si alquilas un coche, puedes aprovechar los días lluviosos para visitar las grandes ciudades cercanas: las playas se extienden desde Flensburgo (en la frontera con Dinamarca y a tres horas -321 km- de Copenhague) pasando por la ciudad portuaria de Rostock (con ofertas de pequeños cruceros y un festival de veleros a inicios de agosto) hasta Stralsund (a dos horas y media -270 km- en coche desde Berlín).

En la imagen, una playa de Prerow, entre Rostock y Stralsund (autor Simon Koopmann).

Minas de sal de Wieliczka, Polonia

A escasos 10 kilómetros de Cracovia, una bonita ciudad europea que bien merece una visita, se encuentran las minas de sal más grandes de Europa. Explotadas durante siglos, ahora están abiertas al público.

Las cuevas se mantienen en una temperatura estable de alrededor de 14 grados en todas sus estancias (la administración de la mina aconseja llevar algo de abrigo), a las que se baja andando mientras se conocen las técnicas de los antiguos mineros de sal y se descubren numerosas esculturas y capillas esculpidas al 100% en este mineral blanco.

Impresionante la enorme iglesia bajo tierra de Santa Kinga en la que hasta las lámparas de araña que cuelgan del techo están esculpidas en sal. El toque final lo pone la subida a la superficie en el minúsculo y antiguo ascensor que uno vez emplearon los mineros (las personas que lo necesiten también realizar la bajada en un ascensor para ello).

Patrimonio de la Humanidad x 3

Riga, la capital de Letonia (con vuelos directos desde Barcelona) es un poco menos desconocida desde que se celebró el festival de Eurovisión allí en 2003, pero tanto este país como sus primos hermanos Lituania y Estonia aún son destinos con muchos secretos por descubrir. Y sus tres capitales han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En Riga aún puedes admirar la típica arquitectura de madera, mejor conservada en las ciudades de provincia, y numerosos edificios de ‘art nouveau’. En Tallín (capital de Estonia) disfrutarás de un entorno más medieval, mientras que en Vilna (capital de Lituania) el barroco es lo más destacable.

Pero más allá de las tres capitales, la naturaleza en estas antiguas repúblicas soviéticas aún se conserva en un estado mucho más virgen que en la mayoría de la Europa Occidental. Densos bosques, verdes colinas, dunas de arena en Curlandia y fauna como la población de 400 lobos o los numerosos castores te sorprenderán. Todo ellos sin contar con el folclore y la tradición de las pequeñas localidades y pueblos de estos países bálticos.

Capital de Europa y alrededores, Bélgica

Las cortas distancias en Bélgica (240 km de la punta este a la oeste) permiten realizar una ruta bastante completa en pocos días. En Bruselas vale la pena es dar un largo paseo por los alrededores de la Grande Place, donde está el ayuntamiento, y la iglesia del Sablon, con varias tiendas de ricos chocolates (una caja pequeña puede costar fácilmente 20 euros, pero si te gustan los bombones, vale la pena el capricho).

Además, si quieres probar las famosas patatas fritas belgas, nada mejor que el centenario quiosco Maison Antoine en la Place Jourdan, cerca de la sede del Parlamento de la Unión Europea. El toque más cultural te lo dará el Museo Magritte de arte moderno.

Fuera de la capital, no te puedes perder la Brujas (la Venecia del Norte) ni Gante (en la imagen). Del 17 al 26 de julio son las fiestas de esta bella ciudad medieval con agradables terracitas en las que cenar a orillas de su canal. La ciudad universitaria de Lovaina también merece una breve visita. Y si no te puedes resistir a darte un chapuzón, acércate a las playas de la zona de Ostende. Pero no vayas a la principal, y menos en fin de semana, pues todos los belgas huyen aquí para refrescarse.

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