Admirado don Manuel: dije a los pocos días de su estancia en Madrid que no sería feliz y parece que no he errado. No entró usted con buen pie porque no asistió a las presentaciones de alfombra roja. No le conocían y continúan sin conocerle. Usted no responde al perfil que gran mayoría de mis colegas desearía. Es serio, no practica la sonrisa como argumento filosófico y hasta le echan en cara que vista de color gris.