A finales de los 80, Fred Savage saltó a los televisores de Estados Unidos como el resuelto Kevin Arnold en Aquellos maravillosos años, convirtiéndose en una estrella nominada a los Emmy. Al contrario que muchos niños a los que les llega la fama en edad temprana, Savage mantuvo la cabeza fría y se alejó del mundo de fiestas de Hollywood, fue a Stamford y volvió no tanto como actor sino como director y productor. El niño había madurado.