domingo, 12/02/2012 - 06:45 h
Es uno de los hombres más sexys del planeta, pero también un actor versátil y dedicado padre de familia. Una combinación perfecta.
Hugh Jackman parece tenerlo todo. El actor australiano de 40 años suma a un físico apolíneo y una apostura de galán de cine clásico una sonrisa de esas que hacen sentir la más guapa de la fiesta a una mujer vestida con chándal. Sus virtudes no terminan ahí. Dueño de un estilo expansivo, a la vez campechano y refinadamente cosmopolita, Jackman atesora una historia profesional en continuo ascenso, que se sustenta sobre los pilares de su vida personal y familiar.
El protagonista de Lobezno derrocha musculatura a lo largo de su metro ochenta y ocho de estatura, pero el secreto de su atractivo no está sólo en su esbeltez ni en sus trabajados bíceps o en su bronceado ganado a fuerza de windsurf. El hombre más sexy del mundo según la revista People tiene lo que muchos han olvidado por el camino: la actitud entre sosegada y entusiasta de quien se muestra satisfecho consigo mismo y con su vida.
Seguramente el éxito profesional tiene mucho que ver con sus logros más íntimos. Cantante y bailarín además de actor y productor, y más que efectivo presentador de eventos como demostró ya en tres entregas de los premios Tony y en la última gala de los Oscars, Jackman empezó su carrera en televisión y pronto pasó a la comedia musical teatral y al cine, que lo hizo famoso a nivel internacional gracias a su papel en XMen, a la que siguieron películas como Swordfish, El truco final (The prestige), Scoop o Australia.
En la pantalla chica, en los inicios, conoció a la también actriz Deborra-Lee Furness, trece años mayor que él y con quien lleva otros tantos años casado y tiene dos hijos adoptados.
En el frágil ecosistema emocional de Hollywood, un matrimonio duradero es una medalla a la estabilidad y la sensatez que pocos pueden colgarse. Es frecuente ver a Jackman con sus hijos y oirle hablar de lo importante que es su familia para su felicidad, por lo que, poco pródigo en saraos, se preocupa en cambio por dejar espacio para la vida familiar en su cargadísima agenda de trabajo y compromisos promocionales.
También reserva parte de su tiempo a colaborar con causas benéficas, como comprueban con frecuencia sus 160.000 seguidores en Twitter, donde el actor relata, en los mensajes de 140 caracteres que permite la emergente plataforma de microblogging, sus viajes, actividades e intereses. Justamente allí, en Twitter, Jackman realizó hace unos días una convocatoria. Ofreció donar 100.000 dólares australianos (unos 54.380 euros) a la entidad u ONG que le propusieran sus fans. Finalmente se decantó por dos, incapaz, según confesó, de elegir entre ellas.
Uno de los exponentes más interesantes de la camada de actores australianos que ha conquistado la meca del cine, con Mel Gibson, Nicole Kidman, Naomi Watts, Cate Blanchett, Eric Bana y Russell Crowe a la cabeza, Jackman ha puesto a prueba el alcance de sus encantos durante su reciente visita a Madrid, en la que, afable y encantador, demostró que el poderoso envoltorio encierra algo mucho más nutritivo y apetecible que el fulgor de una estrella.
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