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Miércoles, 02/09/15 - 21:01 h

Celebridades

Por un puñado de cuadros

Jueves, 12 de noviembre del 2009 - 01:42

Lee el artículo completo en: La Razón digital - Opinión

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Claro, que el puñado de cuadros son montones de millones de euros. «¡Hola!» dedica su portada a las guerras Thyssen. Foto de Tita, con un titular con garra: «La encrucijada de Carmen Cervera». Como en la encrucijada que cantaba desgarradamente Marifé de Triana, en el trío que forman la baronesa, Blanca y su hijo, la engañada es la Cervera. Nos enteramos por la revista de que en el acuerdo al que llegaron los Thyssen tres meses antes de morir el barón, y para no dilapidar una fortuna en abogados e impuestos por medio mundo, Borja quedó excluido de la herencia con las mejoras que Tita obtenía. A cambio de uno de los fideicomisos al joven, hasta los 35 años se le pasaba un millón de dólares al año, más otro millón de euros que aportaba una de las empresas de la baronesa. Estamos hablando de casi 800 millones de las antiguas pesetas cada cinco años, que es el tiempo en el que se hacían los pagos. Esto sí que son quinquenios y no los de los astilleros. Además de las casas compradas por mamá y unos cuantos cuadros que el barón le regaló al muchacho. Una bagatela de más de mil millones de pesetas. Para evitar la apertura de nuevas guerras entre las familias por motivos económicos, cualquiera que impugnara el protocolo firmado quedaba automáticamente excluido de sus derechos; vamos, aquello de Alfonso Guerra, «el que se mueva no sale en la foto». Mal lo tiene la nuera de la baronesa, de nombre Blanca, de apellido Cuesta. Esperemos que recapacite y no se le vuelva la vida una cuesta abajo. No se pierdan la otra gran exclusiva de «¡Hola!». Norma Duval grita al viento «me siento libre», y se lanza trotonamente por las playas de Zahara de los Atunes. Nos ofrece tipazo, belleza y nos cuenta que su ex marido, el guapísimo galán José Frade, no la dejaba montar a caballo. Menuda pérdida de tiempo para la Duval con el matrimonio. No ha sacado ni un euro –porque ya se sabe que ella es muy honrada, todo lo hacía por amor– y, encima, tampoco montaban. Ya me dirán qué tristeza de vida.

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