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lunes, 21/04/14 - 14: 24 h

sociedad

Los negocios de cerveza y bocadillos, los más beneficiados por #acampadasol

Laura Albor

sábado, 21/05/11 - 18:10

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Los comerciantes de la zona se quejan de haber reducido sus ventas por haberse visto obligados a adelantar el cierre de sus tiendas. Sólo los chinos y los bares especializados en las venta de bocadillos y cerveza han visto subir su negocio como la espuma.
Comienzan los conciertos en Sol para amenizar la acampada
“Cerveza, cerveza” me dice un chino mientras me ofrece una lata, es el sexto en quince minutos. ¿Estás vendiendo mucho? “sí, sí, mucho” responde sonriente. De hecho, han sido ellos unos de los grandes beneficiados de la #acampadasol. Sus carritos de la compra son bares ambulantes de los que, misterios de la vida, nunca para de salir cerveza fresca al módico precio de un euro.

Es casi la una de la mañana en Sol y nos preguntamos cómo estará afectando la enorme concentración de gente que hay en la plaza a los negocios de la zona. Entramos al Pans&Company de la calle Alcalá. Nos resulta imposible encontrar a alguien que nos atienda. La cola se extiende hasta casi fuera del local.

“Yo aquí no entro”, dice una joven, “no me voy a pasar la noche aquí metida para comerme un triste bocadillo”. Continuamos por Alcalá hasta el Restaurante Indio “Nirvana”, todas las mesas de la terraza están llenas de gente tomando una cerveza.

“Algunos días pasados han sido peores con respecto a un día normal”
comenta Mantzi, el dueño del negocio. “Esta zona es turística y al principio de esta movida la gente tenía miedo, pero hoy por ejemplo ha aumentado un poco”. En cuanto a las continuas entradas de gente al baño prefiere ni hacer comentarios: “ya no sé ni cómo llamarlo”, dice tranquilamente.  

Continuamos nuestro sondeo. Nos acercamos a la calle Montera donde Gilmar, el responsable del Restaurante casero “Ciudad del Tui” nos asegura que la concentración de gente en Sol les ha influido muy negativamente. “Las ventas estos últimos 3 ó 4 días han bajado un 30% - 40%”, lamenta mientras recoge la terraza.

“Sólo esta noche se ha notado más afluencia de público pero sólo para tomar cañas. Normalmente una noche de viernes la gente venía a cenar con los niños, pero hoy están evitando esta zona y en los hoteles me han dicho que pasa igual” afirma. “Queremos que terminen ya, necesitamos volver a la normalidad”.

Mientras conversamos un grupo de chicas le pide permiso para ir al baño: “Les dejamos pero se llevan el papel higiénico, el gel para lavarse las manos, nos han roto las visagras...” lamenta.

"Cerveza, cerveza"

Tras escuchar a Gilmar decidimos acercarnos al hotel Neptuno, en esa misma calle. La entrada está repleta de jóvenes que beben una lata tranquilamente, algún chino que continúa con su cantinela: “cerveza, cerveza”, y más de uno liándose un porro.

“A nosotros no nos han anulado ninguna reserva. Lo normal es que el fin de semana el hotel esté al 90-95% de ocupación y este fin de semana sólo tenemos dos habitaciones libres [de 32]. Aunque sí que es verdad que normalmente a esta hora hay gente que se acerca con las maletas y hoy no lo han hecho, seguramente porque está la entrada colapsada”, comenta el recepcionista, Godofredo.

Dejamos esta zona para acercarnos al Pasaje Matheu, donde hay una gran cantidad de bares. Vamos al O’Reilly’s donde nuevamente la imagen se repite: varias personas disfrutan de una cervecita  en la terraza. Nos atiende Christian, un joven camarero polaco.

“Hemos aumentado las ventas yo creo entre un 10 y un 15%” afirma, mientras su compañero le pide un cubo de Coronitas. “Además hasta las once hemos estado dando muchas cenas”. La imagen es casi idéntica en la cafetería O’Muiño 2.

En ella un camarero apenas tiene tiempo entre caña y caña de decirnos: “Que se queden acampados todo el tiempo que quieran, lo estamos notando mucho para bien”, asegura. “Uuuuuuuna de calamares” gritan desde la cocina.

Esta mañana hemos querido continuar con nuestro sondeo por la zona. Son muchos los negocios, bares, restaurantes, que prefieren no hacer comentarios sobre la influencia de los acampados. Conseguimos que Sergio, depediente de la Heladería italiana de la plaza, con parquedad de palabrar afirme: “No nos moletan, pero al contrario de lo que muchos piensan las ventas no han aumentado”.

Al que parece que sí le ha afectado y mucho es a uno de los quiosqueros de Sol (no nos quiere dar su nombre): “Tenemos que cerrar tres horas antes de lo normal, estamos de acuerdo con ellos pero mirando por nuestro negocio queremos que se vayan ya”.

El tenderete está lleno de carteles con consignas como “Parlamento en huelga celebral” que los manifestantes aprovechan para poner durante la noche: “No es normal lo que hacen, que se suban y me pongan el quiosco de esta manera”, lamenta.

Un poco más abajo, en la marisquería de la calle Arenal nos espera Gerry: “ni nos ha beneficiado, no nos ha perjudicado. Ayer había mucha gente tomando cervezas pero ten en cuenta que esto siempre está lleno”. Mientras hablamos una de las limpiadoras no se contiene: “Sí, sí, pero con los baños no tienen ningún cuidado. Son unos guarros”, afirma de mal humor.

Volvemos a Montera. La calle está hoy mucho más transitable de lo que la dejamos el día anterior. Entramos en una de las tiendas de souvenirs. Entre toritos, sevillanas y reproducciones del oso y el madroño, nos atiende con una sonrisa Marius: “Ha perjudicado al negocio pero no a nosotros que ayer salimos una hora antes”, afirma entre risas, “es normal porque había menos turistas”.

La mayoría de los negocios de esta calle se vieron obligados ayer a adelantar unas horas su cierre. Un total de 16.000 personas abarrotaban la Puerta del Sol y las calles adyacentes, según datos de la Delegación del Gobierno en Madrid.

Descenso en las ventas

“No creo que hayan aumentado las ventas, más bien todo lo contrario
”, nos explica Raquel, depedienta del Vodafone de Sol, “tuvimos que cerrar ayer cuatro horas antes de lo normal”.

Pese a que Aroa, de “Boludos y boludas” de la calle Carretas, no se vio obligada a adelantar el cierre de su zaptería en la Calle Carretas sí dice haber sufrido un descenso en las ventas: “Ten en cuenta que el tránsito era mucho más difícil”.

Un poco más adelante, en una tienda de ropa de señora se encuentra Jose Luis, tiene ganas de hablar del tema: “Estamos deseando que se vayan. Nuestro público aquí tal y como está la plza no viene y ellos no van a comprar porque no tienen dinero. Esta mañana tanto la entrada como los cristales estaban sucísimos. Hemos tenido que limpiar todo con lejía”, lamenta.

En esa misma calle subimos al segundo de piso de una casa donde se encuentra un pequeño hostal. En la recepción Silvia nos atiende educadamente: “A nosotros ni nos ha beneficiado ni perjudicado. La gente nos pregunta si se puede acceder fácil y como durante el día no hay problemas...” sonríe.

Sin embargo, Silvia se debate entre estar a favor o en contra de los jóvenes que llevan acampados prácticamente una semana en la plaza: “Ayer salía a las 22:30 de trabajar y empleé mucho tiempo en llegar hasta el metro. A lo mejor a largo plazo como trabajadora puedo beneficiarme de lo que consigan pero ahora mismo querría que se fueran”, afirma.

Mientras me alejo una compañera le dice a Silvia entre risas: “Ay, pero es que recuerda que para luchar hay que sufrir, lo quieres todo”. 

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