Hay obras que nacen con el germen de su perennidad. Desde su estreno en Broadway en 1947, «Un tranvía llamado Deseo» no ha dejado de crecer como un cuerpo vivo, opacando cuantas obras se presentaron en los escenarios con pretensiones de inmortalidad. Su secreto es un secreto, incluso para Tennessee Williams, que no logró superarla con obras como «Dulce pájaro de juventud» y «La gata sobre el tejado de zinc».