SEVILLa- La memoria puede ser histórica, corta y selectiva, como demuestran los cambios en el nomenclátor acordados por el Gobierno local en cumplimiento de la ley. Al margen de la elección interesada políticamente de los nombres que han sustituido a aquéllos que han caído en desgracia, el proceso de sustitución ha estado plagado de errores históricos y matices absurdos que invitarían a la risa si no se tratara de un tema tan serio.
SEVILLA- La memoria puede ser histórica, corta y selectiva, como demuestran los cambios en el nomenclátor introducidos por el Ayuntamiento de Sevilla en cumplimiento de la ley que ordenó retirar los símbolos franquistas. Al margen de la elección interesada políticamente de los nombres que han sustituido a aquéllos que han caído en desgracia, el proceso de sustitución ha estado plagado de errores históricos y matices absurdos que invitarían a la risa si no se tratara de un tema tan polémico.