Un 12 de octubre me acerqué a la recepción de la Embajada de España en Buenos Aires y encontré la vereda llena de cristales. Pregunté al embajador: «¿Han apedreado las vidrieras?». «No –contestó–; han venido los indígenas y nos han devuelto los espejitos». El Día de la Raza era de los amerindios. Siempre hemos padecido ese complejo que no afecta a otras potencias coloniales más depredadoras que la conquista española, y hasta hemos hecho introspección autodestructiva de la leyenda negra.