23/10/2010 21:18 Leer artículo completo en
La Razón digital
Cuando era pequeño, las cosas eran así en la zona de clase trabajadora en Flushing (Queens), donde creció. «Los chicos más duros eran los italianos. Y también los irlandeses. Y luego estabámos los judíos. Nos peleábamos. Y, claro, si me decían que me querían convertir en una lámpara de piel, tenía que responder», recuerda con una sonrisa, pero con los puños cerrados golpeando al aire, aquellos momentos de su infancia.