18/12/2010 23:35 Leer artículo completo en
La Razón digital
A Pere Puig se le olvidó separar escenarios. Ni quiso. El pasado miércoles, como si fuera a recorrer los gélidos montes del Valle d'en Bas, se vistió de caza y, cuando tuvo el objetivo delante, desayunando en el bar La Canya del municipio de Olot (Gerona), colocó el ojo delante de la mirilla del rifle y apretó el gatillo. «Estoy satisfecho», se relajó, en ese estado de gloria que siente el cazador, cuando por fin se reconcilia con la pieza que le ha «mareado» una jornada entera.