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lainformacion.com

sábado, 26/07/14 - 09: 21 h

contratos/normas de trabajo

“Ni me dejan estudiar, ni me dejan trabajar”

Laura Albor

miércoles, 30/03/11 - 06:15

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Los jóvenes salen este miércoles a la calle con el objetivo de denunciar la alta tasa de desempleo juvenil, los "contratos basura", los "salarios miserables" o los recortes presupuestarios en educación.

Los estudiantes no serán discriminados por lengua, apariencia u obesidad, según el Estatuto Universitario

Lista de manifestaciones convocadas

Raúl trató de entrar en un grado superior de FP y no fue admitido por falta de plazas en ninguna de las dos ciudades en las que probó suerte, tras varios meses de búsqueda encontró trabajo en una cadena de comida rápida. Aída estudió biblioteconomía, durante dos años hizo prácticas en archivos pero el único contrato que firmó fue para trabajar unos meses como camarera, desde junio está buscando trabajo. Pablo está estudiando farmacia, la situación en su casa es algo “ajustada” y pese a que sólo le queda un año para acabar no descarta tener que abandonar los estudios.

Raúl, Aída y Pablo, son tres instantáneas de las dificultades a las que se enfrentan hoy los jóvenes en nuestro país. Todos ellos han pasado largas temporadas sin estudiar o sin trabajar, pero -aseguran- no porque no quisieran sino porque les era imposible hacerlo.

"Querer y no poder"

Hace unos días el director del Instituto de la Juventud (Injuve), Gabriel Alconchel rompía una lanza a favor de este colectivo: “En los últimos años se ha ido imponiendo de manera intensiva la imagen deformada de un colectivo juvenil, los "ni-ni", y se está transmitiendo la falsa idea a la sociedad de que tenemos una generación de vagos e indolentes, degradando la imagen social de la gente joven".

Es éste precisamente uno de los motivos por los que el Sindicato de Estudiantes ha convocado manifestaciones en las capitales de nuestro país. "Se nos acusa de ser unos vagos y unos consentidos que no queremos ni estudiar, ni trabajar” afirman en un comunicado y ponen algunos datos sobre la mesa como que "unos 50.000 jóvenes no fueron admitidos en FP” o que “se ha incrementado en un 30% el precio de las matrículas universitarias con un intento de penalización de hasta 15 veces su precio por la repetición de la asignatura".

En el otro frente, el de trabajo, los datos no son mucho mejores: el paro juvenil alcanza al 43,6 % de la población activa (frente al 21 % de media en Europa) y los jóvenes se presentan como uno de los colectivos más vulnerables a los despidos siendo ellos los principales destinatarios de contratos temporales, precarios y con bajos salarios.

“El verano pasado me recorrí todas las ETT buscando un trabajo y sólo me llamaron para trabajar un día” explica Pablor Ortiz, un joven vitoriano de 22 años “normalmente yo trabajaba los tres meses para costearme la carrera y el año pasado sólo conseguí un trabajo de un mes como encuestador para una ONG”.

Pablo estudia Farmacia en la Universidad de Vitoria y aunque sólo le queda un año para terminar la carrera admite que no descarta tener que abandonarla: “Voy a hacer todo lo posible por acabar pero las matrículas son cada vez más caras y es casi imprescindible trabajar para poder pagarlas”.

Un camino de puertas cerradas

“Cada vez que oigo hablar de la generación ni-ni me enfada bastante porque muchos de nosotros estamos intentando acceder a los estudios y no podemos, otros tantos estamos buscando trabajo y no lo encontramos y encima en determinados medios de comunicación plantean la idea de que los jóvenes no queremos ni estudiar ni trabajar” explica Raúl Rivas, de 21 años, a lainformacion.com.

Este joven madrileño ha ido viendo durante meses como las puertas se le iban cerrando. “Quise estudiar un grado superior de FP de informática probé en Madrid y en Santiago pero en ninguna de las dos me cogieron, mi idea es probar suerte el próximo años aunque por desgracia la educación pública es así, “probar suerte”.

Tras varios meses de búsqueda Raúl consiguió un trabajo en una empresa de comida rápida donde asegura que la mayoría de sus colegas han estudiado un máster o están licenciados. “Comparándome con ellos no me puedo quejar, aunque lo que me gustaría en el futuro sería trabajar de lo que quiero estudiar”.

Aída Díaz comparte el sueño de Raúl, aunque ya casi ha tirado la toalla. Esta joven asturiana estudió Documentación en la Universidad de Salamanca, al finalizar estuvo durante dos años haciendo prácticas con la esperanza de conseguir un día un puesto de trabajo de lo suyo. Sin embargo, solamente ha conseguido cotizar con un trabajo de camarera.

“Desde junio estoy buscando trabajo y ahora mismo estoy haciendo un curso del paro que me ofrecieron. Intenté en septiembre hacer un módulo FP de administrativo pero no fui admitida” lamenta Aída y subraya “yo he estudiado y he trabajado siempre que me han dejado”. 

Laura Albor

Redactora de sociedad

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