viernes, 10/02/2012 - 04:22 h
Liberia, país del África occidental, está a punto de reiniciar la explotación de su valioso bosque tropical, después de que la ONU embargara su explotación en 2003. Sus defensores dicen que creará 40.000 puestos de trabajo y que la nueva normativa es ahora más estricta y evitará abusos. Pero sus detractores no lo ven tan claro.
(Monrovia, Liberia). En 2003, Naciones Unidas declaró un embargo sobre los recursos forestales de Liberia para evitar que el ex presidente Charles Taylor siguiera usando la madera talada ilegalmente, también conocida como ‘madera con sangre’, para financiar su gobierno de violencia. Las sanciones internacionales prohibieron la explotación comercial y exportación de todo tipo de madera cuando sólo las exportaciones de madera noble representaban el 60 por ciento del producto interior bruto de Liberia.
Ahora se ha levantado la prohibición de Naciones Unidas y se han implantado nuevas normas para regular la actividad forestal. Siete empresas se preparan para comenzar a talar uno de los recursos natuales más valiosos de África occidental: el bosque tropical virgen.
Y el asunto no está exento de polémica.
Los defensores sostienen que la tala del bosque creará unos 40.000 empleos –muy necesarios- e impulsará un sector multimillonario de la incipiente economía de Liberia.
Los detractores cuestionan la exactitud de las estadísticas (número de empleos), la aplicación de la nueva normativa y los beneficios financieros del proyecto, que significará la pérdida del bosque virgen, un bien cada vez más escaso en África.
“No es fácil encontrar un equilibrio, porque existe una necesidad urgente de crear empleos y de generar ingresos”, afirma Patrick Alley, director de Global Witness (GB), una agencia de control, con sede en Reino Unido. GB se ha opuesto desde el inicio a la iniciativa forestal de Liberia. El grupo se declara preocupado por la falta de integridad de las empresas que participarán en el proyecto, la legitimidad de los contratos, el impacto ecológico a largo plazo en el país y los cálculos de los supuestos ingresos.
“La tala del bosque tropical, rara vez ofrece los resultados prometidos en términos de empleo y desarrollo y tampoco aporta un flujo de ingresos permanente al gobierno central, que es la principal justificación económica”, sostiene Alley.
El experto destaca el caso de otros países en desarrollo que también vivieron conflictos, como Camboya o la República Democrática del Congo, donde los beneficios a corto plazo no son siquiera comparables con el daño ambiental ocasionado a largo plazo.
Global Witness ha descubierto que al menos dos de los consorcios forestales del proyecto están vinculados a Samling, un grupo malayo conocido por sus atropellos a los derechos humanos y negligencias ambientales en países en desarrollo.
“La situación tiene los todos los ingredientes para que esto se repita en Liberia”, añade Alley.
John T. Woods, director de la Autoridad de Desarrollo Forestal (ADF) de Liberia, es mucho más optimista sobre el futuro del negocio forestal.
“El sector se ha reformado para garantizar que no se repitan las ‘malas prácticas’ de antes”, declara Woods, en alusión a los cuatro años de trabajo para elaborar la actual normativa.
Está de acuerdo en que la salud ecológica de los bosques del país es una preocupación primordial. Sin embargo, también es muy consciente de la necesidad de mejorar los ingresos, las infraestructuras y el empleo.
Según el índice de 2008 de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, el PIB de Liberia es de 208 euros (300 dólares) per cápita y más del 60 por ciento de la población vive con menos de 70 céntimos (un dólar) al día.
Si el bosque se gestiona y explota de manera responsable, llegará el desarrollo económico, según Woods.
Este funcionario indica que los 3,7 millones de acres de bosque protegido, la estricta normativa de los contratos, los bajos niveles de tala anuales y la obligación de que las empresas extranjeras inviertan en infraestructura local son algunos de los argumentos de peso para garantizar que Liberia tendrá las normas forestales más serias de África.
“Tenemos mecanismos eficientes para controlar y regular la actividad comercial forestal”, afirma Woods. “Estamos seguros de que funcionará, en especial la piedra angular del proyecto que es el mecanismo de la cadena de custodia”.
Woods se refiere al sistema diseñado para contabilizar los árboles talados ‘desde los tocones hasta los árboles que llegan al puerto’. Esto significa que se verificará cada tronco para comprobar que cumple con las normativas de Liberia.
“Un contrato con un mecanismo de cadena de custodia es eficiente”, afirma Thomas Pichet, director de proyectos de Liberfor, la empresa que gestionará el sistema. “Es allí donde está el énfasis en este momento. Se trata de garantizar que las operaciones se harán dentro del marco de la ley y en concordancia con la normativa”.
Pichet enfatiza que estas normas son el fruto de una comunicación permanente no sólo con el gobierno y los consorcios extranjeros involucrados, sino que también con organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil. Considera que los mecanismos de control de Liberia son un gran paso adelante para la actividad forestal en África y sentencia:
“es el marco legal más avanzado en el sector forestal africano, y ya está. Va mucho más allá de lo que se creó en Ghana, el Congo o Camerún”.
Los defensores del proyecto confían en que la normativa ayude a combatir la corrupción endémica y la mala gestión que afecta a Liberia a todos los niveles, gubernamental, empresarial y trabajo humanitario.
Los más desconfiados proponen la alternativa presentada por un consorcio europeo y apoyada por Global Witness: REDD, un programa que ofrecería dinero a Liberia para que no tale sus bosques. REDD —un sistema no exento de críticas que establece un programa de puntos para los países que conservan sus bosques— ya ha presentado una oferta preliminar de varios millones de dólares para que no se exploten las zonas forestales.
Woods y el sector forestal evalúan seriamente la oferta, pero se muestran escépticos de los beneficios reales del programa.
“No tenemos certeza de que el país se pueda beneficiar de REDD,” declara Woods y exhorta a convertir la "teoría" de puntos por emisiones de carbono en dinero para Liberia.
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