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sábado, 01/11/14 - 06: 28 h

Mundo

Así volví a la vida después del infierno de Corea del Norte

Michael Condon y Justin McCurry | GlobalPost

lunes, 09/04/12 - 07:00

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Ji Seong Ho puede considerarse un hombre afortunado. Como discapacitado, no tenía ningún futuro en Corea del Norte y decidió cambiar su destino. Sin una pierna ni un brazo logró escapar del país y recorrer 6.000 millas hasta la libertad. Ahora nos cuenta su nueva vida en Corea del Sur.
¿A qué se parece una nueva Corea del Norte? Durante tres meses en el cargo, Kim Jong Un ha estado enviando señales a la comunidad internacional respecto a qué dirección va a llevar su país.

La posibilidad de que se una a las conversaciones nucleares está sobre la mesa, pero ahora existe la amenaza del lanzamiento de un misil. Y el número de deserciones se mantiene alto. Uno de los que escaparon habla para contarlo.

(El siguiente vídeo está en inglés. Puedes leer la traducción al español  más abajo)




​Los desertores dicen que la vida en Corea del Sur es más dura de lo que habían esperado.

Ji Seong Ho puede considerarse un hombre afortunado. 

En 2006 desertó y se embarcó en un duro viaje a través de China en busca de una nueva vida. Con una doble amputación en su cuerpo realizó un viaje de 6.000 millas (9.656 km) a través de China, Tailandia y Laos usando unas muletas de fabricación casera.

Al comprender que Corea del Norte no ofrecía un futuro para los hombres jóvenes, particularmente para los discapacitados, hizo un viaje secreto a China con su familia. Fue cazado por las autoridades chinas y deportado a Corea del Norte donde fue liberado.

Ji Seong Ho:

“Tengo que saber la verdad sobre Kim Jong Il. Me di cuenta de que el mundo era mucho más grande de lo que había conocido hasta entonces. Me di cuenta de que había mucha libertad fuera”.

En 2006 huyo de Corea en secreto con su hermano menor, Ji Cheo Ho, de 26 años. Ellos forman parte de la cifra de 23.000 desertores norcoreanos. Ellos lo consiguieron. Muchos otros mueren o son deportados cuando cruzan China.

Do Myeong Hak, de la organización North Corea Intellectuals Solidarity:

“El número de desertores continúa aumentando. No es sólo una cuestión de comida. Incluso la gente que puede tener una buena vida en Corea está decidiendo desertar porque es más consciente del mundo exterior”.

Pero muchos de lo que lo intentan y lo consiguen se dan cuenta de que el mundo del capitalismo es más duro de lo que esperaban.

Do Myeong Hak:

“La principal dificultad para los desertores cuando llegan a vivir aquí es que solían vivir en un mundo tan reprimido que llegan a Corea del Sur, que les da tanta libertad tan rápido, que al principio no saben qué hacer”.

La tasa de desempleo entre los desertores norcoreanos es del 12%, más de tres veces superior frente al de los surcoreanos. El Gobierno proporciona a los desertores varios meses de formación y aprendizaje pero luego los desertores tienen que caminar por su cuenta.

Kong Si Jong estudia en la universidad. Dejó a su hermano y a su padre en Corea de Norte y ahora está con su hermana y su madre. Pide que no publiquemos su nombre real ni tampoco quiere mostrar su rostro por temor a represalias sobre los miembros de su familia que viven en Corea del Norte.

“Me gradué en el instituto en Corea del Norte pero hay una gran brecha entre la educación de Corea del Norte y la del Sur. Me aceptaron en la universidad a la que yo quería ir y ahora estoy estudiando lo que yo quería pero no puedo seguir el ritmo de los otros estudiantes que hay aquí a no ser que estudie tres veces más duro que ellos”.

Los grupos de apoyo en Corea del Sur dicen que muchos desertores luchan también para combatir el miedo al hablar sobre el pasado y de la incertidumbre sobre el futuro.

Kim Yong Lan, Activista de desertores norcoreanos:

“La mayoría de desertores que conozco son mujeres y tienen numerosos problemas. No es sólo un único problema. Primero son muy débiles como resultado de la tortura física. También sufren problemas mentales como el miedo y la ansiedad. Tienen que salir del infierno que están viviendo pero cuando llegan allí no hay un aquí para ellos”.

Lee Jong, estudiante de 23 años, ansiaba la libertad que veía reflejada en las películas occidentales que veía en secreto. Desertó en 2006 con su madre y llegó a Corea del Sur dos años después:

“Una vez que hube cumplido mi gran reto, porque había desertado, e incluso había experimentado lo que se siente cuando estás al borde de la muerte. Porque nada se puede comprar con la pesadilla que experimenté cuando deserté. Así que cuando llegue a Corea del Sur era joven y pensaba que no tenía miedo de nada, pensaba que el único reto que tenía era estudiar duro y continuar, pero fue más difícil que eso.

Ahora estoy segura aquí y mi seguridad es importante pero tengo que hacer frente a otros problemas psicológicos”.

Dice que a veces ha sentido la discriminación y el aislamiento, que son sentimientos que también los sienten otros coreanos desertores, pero ella sigue persiguiendo su sueño de trabajar como reportera de televisión.

“Creo que tomé la decisión correcta. En Corea del Sur si trabajas suficientemente duro todo el mundo tiene una oportunidad para hacer lo que ellos quieren. La recompensa llega si ellos hacen el esfuerzo”.

El grupo de estudiantes de la universidad trata de ayudar a los desertores a organizarse a través de la unidad, acción y derechos humanos.

Este joven vive en una pequeña habitación en el centro de la ciudad con su hermano  y reciben un subsidio de ayuda de socialización pero a pesar de las dificultades dicen que la promesa de un futuro mejor compensa todo:
 
“Aquí en Corea del Sur puedes hacer lo que quieras. Puedes estudiar lo que quieras. Soñar más allá de lo que eres capaz de hacer. Puedes incluso soñar con llegar a ser presidente pero eso no se te permite en Corea del Norte. Asi que creo que es una buena cosa”.

Su hermano apunta:

“Soy estudiante y no tengo unos ingresos regulares.  Pero una vez que consigues un trabajo deberías poder ganar dinero.  Si puedes trabajar duro puedes conseguir una casa más grande. Incluso aunque viva en una habitación más pequeña que la que yo tenía en Corea del Norte. Definitivamente estoy feliz aquí. Tengo libertad. Puedo hacer lo que mi corazón desee”. 

Muchos norcoreanos lo dan todo por esa libertad.

El número de desertores el año pasado fue el más alto desde que terminó la Guerra de Corea. Huyen de la presión del régimen dictatorial  de Kim Jong. Mientras el Norte prepara el lanzamiento de misiles para el próximo mes, hay pocos cambios y la vida no será muy diferente en el nuevo régimen del nuevo líder Kim Jong Un.

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