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jueves, 23/10/14 - 05: 06 h

Mundo

Australia, la cantera de los recursos naturales del mundo se tambalea

Matt Siegel, Sídney (Australia) | GlobalPost

domingo, 24/04/11 - 06:30

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Los australianos viven un relativo buen momento en comparación con los europeos o americanos. Su amplia oferta de recursos naturales le ha ayudado a colocarse en una buena posición. Pero hay analistas que creen que el país no debería estar tan vinculado a sus recursos naturales y centrarse en otros sectores como el turismo o los inmuebles.
Los australianos viven un relativo buen momento en comparación con los europeos o americanos.  -Foto: Getty
Mientras el lastre fiscal de la deuda tóxica y la caída de la demanda ahogaban a sus aliados en el mundo desarrollado, a Australia en cambio no le ha ido mal en estos últimos años.

Al tiempo que la crisis financiera global obligaba a apretarse el cinturón en los hogares desde Nueva York a Zaragoza, la creciente demanda de China de mineral de hierro y de carbón contribuía a llenar las autovías de Sídney de coches nuevos y a impulsar el dólar australiano hasta límites inimaginables.

Pero depender demasiado de los recursos naturales entraña peligros. Que se lo pregunten a Rusia, o incluso a Canadá.

Existe un creciente temor entre los analistas y políticos australianos de que el país podría verse atrapado en una especie de versión del primer mundo de la “maldición de los recursos”, la paradoja que explica por qué países con grandes reservas de recursos naturales tienden a ser menos estables y prósperos que aquellos que no las tienen.

Pese a su clase trabajadora de alto nivel educativo y sus infraestructuras de primer nivel, Australia se está convirtiendo en la cantera del mundo, advierten los expertos.

Un trío de altos directivos de bancos australianos ha llegado a advertir hace poco que la fortaleza del todopoderoso sector minero del país está enmascarando serias carencias estructurales en áreas tan variadas como el turismo, la venta minorista y los inmuebles comerciales.

En resumen, Australia es un buen lugar para ir y comprar carbón y acero, pero no es el tipo de sitio en el que querrías invertir.

Claramente frustrado, el senador Kim Carr, ministro de Innovación, Industria, Ciencia y Comercio, hizo sonar las alarmas a finales del año pasado en lo que podría ser un artículo premonitorio publicado en su página web. “La minería representa el 8 por ciento de nuestro PIB y el 1,4 por ciento de empleo. El sector manufacturero es el 10,2 por ciento del PIB y el 9,2 por ciento de empleo.

La minería está creciendo rápidamente, pero nada dura toda la vida, por mucho que se agradezca ahora. Sería descarado e ingenuo pensar que los ingresos de los que disfrutamos ahora gracias al sector de los recursos continuarán sin decrecer. Poner todos nuestros huevos en la misma cesta simplemente no tiene sentido”, decía.

“¿Podemos realmente celebrar el concepto de una economía a dos velocidades, en donde algunas partes del país son prósperas y otras partes se echen a perder? ¿Creemos realmente que los trabajadores y las comunidades que sacrifiquemos podrán renacer sin coste alguno?”, reflexionaba el senador.

Algunos acusan al gobierno laborista australiano precisamente de ingenuidad económica y de actuar por intereses políticos a corto plazo, y utilizan como ejemplo la decisión adoptada recientemente por el ministro del Tesoro, Wayne Swan, de bloquear el proyecto de fusionar la bolsa de Singapur (SGX) con la de Australia (ASX). Quienes se oponen a la decisión dicen que el gobierno de coalición está más interesado en la política populista que en impulsar la integración del país en los muy activos mercados asiáticos.

Matt Robinson, economista sénior de Moody’s Analytics, ha arremetido contra la decisión del gobierno diciendo que con este paso se puede desmotivar a los inversores extranjeros en un momento de consolidación sin precedentes en las bolsas de todo el mundo.

“El rechazo en función de unos intereses nacionales definidos de manera general provoca un grado potencialmente tóxico de incertidumbre soberana sobre la futura actividad [de fusiones y adquisiciones] de compañías australianas”, afirma en un comunicado. Robinson añade que “la decisión probablemente ha dañado la reputación de Australia como destino para el capital extranjero, y hará que los inversores extranjeros no tengan en consideración futuras oportunidades en Australia”.

La posible toma de control por parte de SGX de ASX, que habría dado lugar a una de las mayores bolsas de Asia, había sido acogida como un paso positivo para fortalecer el sector de los servicios financieros, que ya figura entre los más rentables de los no relacionados con los recursos naturales australianos y sobre cuya fortaleza podría desarrollarse una economía más diversificada.

Tony Naughton, jefe de Economía de la Universidad RMIT de Melbourne, dice que la decisión de bloquear la fusión ha sido producto en parte de los malos resultados del gobierno en las encuestas, que arrojaron niveles mínimos históricos de aprobación tras su propuesta de lanzar un programa de comercio de emisiones a principios del año que viene.

“La justificación [del bloqueo] es por razones económicas, pero yo sospecho que hay mucho más detrás que eso... parece haber una dimensión política, en la que el gobierno de turno está intentando ofrecer una imagen de operador duro”, afirma.

La decisión podría tener la consecuencia no intencionada de espantar a los inversores extranjeros, asegura Naughton, y se debe ver como una oportunidad perdida para los mercados australianos.

“Era una oportunidad para una mayor integración del sistema financiero de Australia y Singapur, por supuesto dos grandes mercados, de la que se podrían haber salido ganando ambos, con claros beneficios en términos de facilidad de acceso al capital y las transacciones internacionales, y a la que se le dio un golpe en la cabeza. Si fue por razones políticas o por culpa de Singapur, todavía se tiene que ver”.

No obstante, no todo el mundo piensa que la creciente esfera de los recursos naturales es algo tan malo, si se maneja de forma adecuada.

Australia siempre ha confiado en las exportaciones de materias primas en detrimento de otros sectores de la economía, indica Adam Boyton, economista jefe de  Deutsche Bank AG. En realidad, lejos de ser un lastre para la economía, es una ventaja que desearían tener la mayor parte de las economías.

Lo mejor llegado este punto, sostiene Boyton, es no repetir los errores ya cometidos durante el actual boom, tales como devolver el superávit en forma de rebajas fiscales.

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