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Chalets, playa, cine y restaurante: así es la isla-prisión noruega que parece más un balneario que un centro penitenciario

Roberto Arnaz

martes, 26/02/13 - 13:45

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  • En Bastoy no hay trajes de preso o celdas, los reos visten ropa de calle y viven en casas independientes.

  • Los internos trabajan seis horas al día por lo que reciben un jornal de 13 euros que pueden gastar en el supermercado.

Bastoy, la isla-prisión noruega que parece más un balneario que un centro penitenciario

A 75 kilómetros al sur de Oslo, frente al pequeño puerto de Horten, en medio de los fiordos noruegos hay una isla idílica, Bastoy. Para llegar a ella basta un breve trayecto en ferry de unos 15 minutos, navegando a través de un imponente paisaje decorado con cordilleras nevadas y frondosos bosques.

Bastoy es una pequeña comunidad de 2,6 kilómetros cuadrados en la que viven 184 personas. Practican el respeto al medio ambiente y viven de lo que son capaces de obtener con sus propias manos. Allí todo es de todos. No hay vallas, muros o cerraduras, algo poco habitual, sobre todo si tenemos en cuenta que esta isla es una prisión.

Sin embargo, en este peculiar centro penitenciario no hay trajes de preso ni celdas. Los 115 internos que viven allí custodiados por 69 oficiales de prisiones –entre los que hay asesinos y depredadores sexuales, además de ladrones de guante blanco o estafadores– visten ropa de calle y viven en pequeños chalets con todo tipo de comodidades, incluida la televisión.

Según la idea del director de la prisión, la idea es que los presos “dejen de pensar qué malo soy, recuperen su autoestima y se preparen para reintegrarse en la sociedad”, según ha explicado a la cadena de televisión estadounidense CNN. Y la idea parece que funciona, ya que esta isla-prisión tiene la tasa de reincidencia más baja de Europa: sólo un 16% vuelve a delinquir.

La isla funciona como un pequeño pueblo autosuficiente en el que todo es sostenible, desde la arquitectura hasta el cultivo agrícola. La preocupación por el medio ambiente llega al punto de que los presos recogen y reciclan su propia basura, además de poner especial cuidado en reducir al mínimo las emisiones de CO2 de la isla, según se explica en su página web.

Trabajo y ‘libertad’

Bastoy parece más un balneario que una cárcel. De hecho, los presos gozan de una libertad total de movimientos. Únicamente tienen dos obligaciones: permanecer en su ‘casa’ a partir de las 11 de la noche y trabajar en el campo, el taller o el barco de pesca de 08.30 de la mañana  a 14.30 del mediodía, hora que se sirve la comida.

Por cada jornada laboral reciben un salario de unos 13 euros diarios. Ese dinero lo pueden gastar en el restaurante o comprar en el supermercado del centro penitenciario y cocinar en su vivienda.

El resto del día, y todo el fin de semana, disfrutan de tiempo libre. En esas horas pueden recibir visitas de sus familiares, acudir a servicios religiosos, ir a clase o leer en la biblioteca. Si prefieren las actividades al aire libre, pueden optar por montar a caballo, jugar al futbol o, simplemente, dar un paseo por la isla.

La prisión cuenta también con un gimnasio, un rocódromo, una sala de ordenadores y hasta un cine. Además, la isla cuenta con una granja con siete caballos, unas 40 ovejas, 65 corderos, una veintena de vacas, otros tantos terneros y 200 pollos.

Por si fuera poco, a los reclusos se les permite tener reproductor de mp3, todo tipo de prendas y complementos. Lo único que no está autorizado en Bastoy son los teléfonos móviles y las cámaras de vídeo.

Un duro proceso de selección

Sin embargo, acabar en esta isla-prisión no es sencillo. El primer requisito es que al reo le queden menos de cinco años de condena. Después, el interesado tiene que hacer la solicitud de traslado de prisión, en la que tiene que explicar sus motivaciones y expectativas para el futuro.

Una comisión independiente analiza todas las solicitudes en función del historial del preso, su comportamiento y el delito cometido antes de tomar una decisión final sobre si será el próximo inquilino de la isla.

La media de edad de los ‘residentes’ de Bastoy es de 40 años, y son todos presos modélicos. No se registran incidentes o peleas y únicamente ha habido dos intentos fallidos de fuga.  A pesar de lo sencillo que resultaría huir, la mayoría ni se lo plantea: si lo intentan y no lo logran, serán trasladados a una prisión de mayor seguridad y perderán todos sus privilegios.

Roberto Arnaz

Responsable de Actualidad y Portada

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