Cameron dice que los nacionalistas escoceses no buscan la independencia
La semana pasada el primer ministro británico David Cameron viajó a Escocia con una oferta:
si sale el “No” en el referéndum sobre la independencia de Escocia, previsto de momento para
finales de 2014, el Gobierno de
Londres considerará
ceder nuevos poderes al Parlamento de Edimburgo.Este es el
paso más reciente de Cameron para hacer arrancar el referéndum, que a él le gustaría que se celebre antes de lo previsto y que
se limite simplemente a decir “sí” o “no”.Cameron espera que el anuncio de estas concesiones
conecte con la ciudadanía escocesa que quiere más autonomía, pero que se a
milana ante la perspectiva de una independencia absoluta.También podría
frenar el ascenso del Partido Nacional Escocés (SNP por sus siglas en inglés), liderado por Alex Salmond, el carismático primer ministro de Escocia.
La cuestión de la independencia escocesa, que resurgió cuando el partido nacionalista llegó al poder en 2007, está demostrado ser tanto
una batalla identitaria como un
concurso de ideas y políticas.
Salmond cree que la independencia escocesa
es algo previsible. “El pájaro ha echado a volar, y ahora no le pueden meter de nuevo en la jaula”, dice. “Yo creo que este viaje representa las aspiraciones y las ambiciones de la gente de Escocia”.
Líder seguro y experimentado con un alto índice de aprobación, la visión positiva de Salmond de Escocia como un
“faro de valores progresistas” rico en energía ha calado en los votantes.
Aún así, nueve meses después de que el SNP lograse una mayoría sin precedentes en el Parlamento escocés, el
apoyo de la ciudadanía a la independencia total continúa por
debajo del 40 por ciento. Si la pregunta directamente puede ser contestada con un “sí” o un “no”, se pronostica que en torno el
50 por ciento de los votantes rechazarían la propuesta.
Las encuestas muestran de forma consistente que más de la mitad de los votantes
apoyan una tercera opción, que supondría entregar
más poderes al Gobierno escocés pero sin llegar al a independencia.
Conocida como la
“devo max” (por “maximum devolution” o máxima devolución) y todavía sin definir formalmente, esta tercera opción daría a Escocia casi control total sobre su economía, pero manteniendo una estructura federal que compartiría temas de defensa,
política exterior y prestaciones sociales con Londres.
Una amplia coalición de grupos
cívicos ha lanzado una campaña para incluir la opción “devo max” en la votación, algo que Salmond ha recibido positivamente.
Con la tercera opción en las papeletas de voto,
podría abogar públicamente por la independencia total pero también aceptaría una “devo max” en última instancia, que podría presentar como una victoria nacionalista.
Mientras tanto, el
Gobierno británico está trabajando para mantener esta tercera opción fuera de la mesa. Su planteamiento: que la incertidumbre sobre el futuro de Escocia es dañina; mejor responder a la simple pregunta sobre la independencia y ya se negociarán los detalles más adelante.
En un ensayado discurso con el famoso castillo de Edimburgo de fondo,
Cameron defendió apasionadamente la unión, rechazando las sugerencias de que su
Partido Conservador podría beneficiarse políticamente de la separación de Escocia, un país que aporta un buen caudal de apoyo a sus rivales del
Partido Laborista.
“La unión ayuda a que
Escocia sea más fuerte, segura, rica y justa”, dijo ante una audiencia de periodistas y líderes empresariales. Invocando la historia común de la unión, admitió que Escocia “podría gobernarse a si misma”, antes de añadir: “
Lo hacemos muchísimo mejor juntos”.
Pero la apuesta de Cameron malinterpreta hasta qué punto a los
votantes escoceses les incomoda la sensación de interferencia en un proceso sobre el que reclaman absoluta propiedad.
Para muchos escoceses la postura de Cameron es negligente, y sus críticos aseguran que sus interferencias han hecho que muchos votantes se hayan l
anzado a los brazos del SNP de Salmond.
Ex alumno de la elitista escuela de Eton, con un pasado profesional en el
mundo de las relaciones públicas, muchos escoceses ven a Cameron como el típico representante de una corriente del
conservadurismo inglés que es profundamente impopular en el norte de la isla.
En un guiño a la impopularidad de su partido en el norte, su discurso incluyó incluso referencias a un reciente chiste que circula por el país que dice que
hay más pandas gigantes que parlamentarios conservadores en Escocia.
A muchos escoceses la oferta de Cameron les trae recuerdos sobre el
referéndum de 1979 sobre el establecimiento de una Asamblea Escocesa. Si votaban “no” el ministro conservador de
Asuntos Exteriores les prometía “algo mejor”.
El “no” ganó por un escaso margen, pero Escocia tan sólo logró a cambio dos décadas de inmovilismo constitucional.
Salmond parece confiado en que sus conciudadanos escoceses tengan memoria histórica.
“No creo que a Escocia la engañen dos veces”, ha dicho recientemente.