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Mundo

La ultraderecha en Suiza: de la neutralidad a las ovejas negras

10/06/2009 | Borja Ventura

Un puñado de países viven bajo una fuerte influencia de partidos ultraderechistas. En la gran mayoría de casos se trata de formaciones que han ido sumando adeptos en los últimos tiempos gracias a haber conseguido que su mensaje xenófobo y euroescéptico calara en una sociedad cada vez con más inmigrantes y, en los últimos años, abocada a la crisis.

La Unión Democrática de Centro suiza (UDC en sus siglas en francés e italiano, PPS en romanche y SVP en alemán –las cuatro lenguas oficiales del país-) cumple ahora diez años desde su revolución.

Hasta 1999, y durante 40 años, el poder Ejecutivo del país, depositado en su Consejo Federal, se había regido en base a la llamada ‘fórmula mágica’ según la cual los cuatro grandes partidos se repartían sus siete plazas siempre de la misma forma. Dicho equilibrio no estaba regido por la Ley, sino que obedecía a una costumbre: el sentido del voto no había variado en esos años y, además de respetar la voluntad popular, también se equilibraba la representación lingüística del país, con tres asientos para los latinos y cuatro para los germanos.

Pero algo sucedió en 1999. La UDC, un partido nacionalista y xenófobo pasó de ser el cuarto partido (con un 9-11% de los votos) a convertirse en el segundo, con un 22.5% de los apoyos. En 2003 obtuvo un 26.7% y se colocó como el primer partido del país, y siguió creciendo en 2007, con un 29%. Entonces reclamaron su lugar: querían conseguir un segundo consejero federal a costa del Partido Demócrata Cristiano, tradicionalmente segunda fuerza política. El pulso que mantuvieron hizo que el partido se escindiera: la coalición progresista propuso a Eveline Widmer-Schlumpf para ocupar ese segundo asiento y salió elegida. Como no era la candidata propuesta por el UDC, decidieron excluirla, dando lugar a la escisión de tres ramas cantonales del partido y la formación del Partido Burgués Democrático, que se quedó con ese segundo asiento que buscaba la formación central.

Con o sin escisión, la UDC ha conseguido romper una tendencia de voto inalterada durante medio siglo en un país poco acostumbrado a los cambios. Su mensaje populista (con videojuegos incluidos) y xenófobo (de este partido fue la campaña de las ovejas negras) ha calado en una sociedad tradicionalmente pacífica e integradora que ha visto cómo se han disparado los incidentes racistas en los últimos años.

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