miercoles, 10 de febrero de 2010 - 00:30 h
El poder de los famosos y las campañas de sensibilización no parecen suficientes para solucionar el conflicto sudanés
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WASHINGTON —Cinco años después de que activistas estadounidenses empezaran a llamar la atención sobre la violencia en Darfur, su movimiento se ha multiplicado en tamaño y en sofisticación, expandiéndose por internet, logrando el apoyo de estrellas de Hollywood como George Clooney y Mia Farrow y llegando a todo el mundo, desde candidatos presidenciales a estudiantes de instituto.
En su misión para lograr concienciar a la gente, la coalición para salvar a Darfur ha sido “espectacularmente exitosa”, asegura el profesor de la Universidad de Columbia Mahmood Mamdani.
Sin embargo “si uno va a Darfur y ve lo que sucede en el terreno, encontrará muy difícil poner las palabras Darfur y éxito en la misma frase”, admite Rebecca Hamilton, una activista de la causa. Hamilton, miembro del Open Society Institute, está realizando una investigación para un libro en el que afronta lo que considera una problemática “incongruencia entre toda la energía… los resultados”.
“Todavía tenemos a miles de personas viviendo en campamentos“, admitió Scott Gration, enviado especial de la administración Obama a Darfur, en una reciente comparecencia ante la prensa. “Tenemos a mujeres (amenazadas de violación) que tienen miedo a salir a recolectar leña, y tenemos a niños a los que se les impide el beneficio de crecer en su tierra natal; están creciendo en estos campamentos”, dijo. Mientras tanto, la violencia en la región vecina va en aumento, añadió Gration.
“El status quo es horrible”, afirma John Norris, experto en ayuda internacional del Enough Project. “En el terreno no hay un mantenimiento de la paz efectivo”. Esta primavera, tras haber sido acusado por el Tribunal Penal Internacional, el presidente sudanés Omar al-Bashir expulsó a 13 organizaciones de ayuda internacional, que aún están intentando volver al país.
Preocupación en la opinión pública
Defensores prominentes de la causa, como el columnista de The New York Times Nicholas Kristof y la actriz Angelina Jolie han expresado recientemente su preocupación por la desaparición de la crisis del radar público. “El movimiento Salvemos Darfur (Save Darfur) parece estar perdiendo fuelle”, escribía Kristof el 9 de junio en su blog. “Está dividido por el debate interno; está siendo ignorado por la administración Obama”. “Me parece muy triste que esta administración parezca tan poco interesada”, decía. “Se ha dejado que Darfur se pudra”. La devastadora guerra civil entre el norte y el sur de Sudán, que ha sido controlada mediante un acuerdo temporal de paz, podría volver a surgir de nuevo, advierte Kristof.
El movimiento Salvemos Darfur sale además perjudicado en el nuevo libro del profesor Mamdani (“Saviors and Survivors: Darfur, Politics, and the War on Terror”), que acusa a la coalición de una larga lista de pecados, incluyendo imperialismo religioso y racial, exageración, ignorancia histórica y sentimentalismo.
Una de las críticas más destacadas de Mamdani (que los grupos de activistas avivaron el fantasma del genocidio exagerando el número de personas muertas en Darfur) ha sido aceptada, hasta cierto punto, por organismos como la Cruz Roja Internacional e incluso por algunos militantes de la causa.
Según Mamdani, las cifras que estimaban el número de muertos en hasta 400.000 han quedado reducidas, en los recuentos oficiales, a cerca de 100.000. El 80 por ciento de esas muertes se deben a enfermedades y no se sabe si están o no relacionadas con la guerra. “Las cifras de muertos las calculan normalmente agencias cuya financiación depende en cuántas personas han muerto”, dice el profesor.
“Quizás sea estúpido, francamente, hablar sobre ello”, sobre el número de muertos en Darfur, reconocía John Prendergast, uno de los líderes del movimiento pro Darfur, en un debate con Mamdani a principios de año en la Universidad de Columbia. “Al final del día, no es realmente creíble… no es algo que vayamos a saber algún día”.
La Administración Obama también está dividida en torno a este tema. La palabra genocidio es un término poderoso, y centra la atención del mundo en una violencia étnica que de otro modo quizás sería ignorada. La embajadora de EEUU ante las Naciones Unidas, Susan Rice, describió la situación en Darfur como “genocidio” en una reciente conferencia en Europa. Pero Gration rechazó llegar tan lejos.
“Lo que vemos son los remanentes de un genocidio”, dijo a los informadores en el Departamento de Estado, eligiendo con cuidado sus palabras. El nivel de violencia en Darfur ha disminuido de forma significativa, dijo Gration, y “no parece que sea un esfuerzo coordinado similar al que tuvimos entre 2003 y 2006″.
Las cifras de mortalidad en lugares remotos, destrozados por la guerra, como Darfur son extrapolaciones, según John Prendergast. Y aunque él personalmente todavía cree que lo que ha ocurrido encaja correctamente dentro de la definición de genocidio, “no pondría la mano en el fuego por ello”, dijo. Pero “sí se que el número de muertos, de enfermos y de aquellos que van a sufrir se va a incrementar exponencialmente si no actuamos con rotundidad”.
Los reproches de Mamdani van más allá de los números. El movimiento Salvemos Darfur tuvo un “efecto saludable al principio”, dice. Pero después “siguió su alegre camino… sin importarle lo que estaba ocurriendo en Darfur… decidido a construir un movimiento”.
La coalición no provee ayuda a los hambrientos o a los desplazados, destaca Mamdani. “Es un espléndido anuncio” y representa “un intento sistemático de desacreditar cualquier tipo de solución africana a un problema africano”. En el clima post 11-S, dice el profesor Mamdani, la población árabe de Sudán fue vilipendiada, y los activistas a favor de de la paz de Salvemos Darfur urgieron a la intervención militar de EEUU.
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