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Mundo

Los conflictos en el Congo amenazan la educación de los niños

Tristan McConnell, Kitchanga (República Democrática del Congo) | GlobalPost

viernes, 04/03/11 - 11:59

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Se estima que hay 28 millones de niños en todo el mundo que no pueden educarse por culpa de conflictos bélicos. Es lo que un informe de la UNESCO llama "la crisis escondida" del mundo. Los refugiados de Kitchanga, en el Congo, se ven en la situación de elegir entre comer o pagar las tasas de la escuela.
Los conflictos en el Congo amenazan la educación de los niños (Foto: Spencer Platt / Getty)  -Foto: Spencer Platt (Getty Images)

La mañana en la que su padre fue tiroteado y luego acuchillado hasta la muerte, Yvonne huyó con su familia.

Dejaron el pueblo donde había crecido, donde la familia tenía una casa, posesiones, tierras, grano y ganado, donde fue a la escuela y donde estuvo bien.

Tres años después la familia vive en uno de los cientos de cubículos de plástico distribuidos en los campos de roca volcánica de la ciudad de Kitchanga, en el este de la República Democrática del Congo.

“Después de que mi padre fuera asesinado, mi madre luchó por pagar las cuotas de la escuela, pero nadie nos ayudó”, contó Ivonne, de 16 años, que tiene nueve hermanos.

Yvonne es sólo uno de los 28 millones de niños que se estima en todo el mundo cuya educación y esperanzas para el futuro se ven malogradas por los conflictos, de acuerdo con un nuevo estudio publicado por la UNESCO. El informe lo llama “la crisis escondida” del mundo.

“Los niños y la educación no se quedan atrapados en el fuego cruzado, sino que cada vez más son el objetivo de los conflictos violentos”, destacó Kevin Watkins, el autor del informe, que detalla cientos de ataques contra escuelas en zonas de guerra en todo el mundo.

Yvonne iba al instituto, pero cuando se vio obligada a huir su educación se interrumpió de forma abrupta. Ahora, ella y su madre recogen, transportan y venden carbón vegetal en el mercado de Kitchanga, lo que les da lo justo para comer. Las cuotas de la escuela son un sueño inalcanzable.

“No tenemos medios, así que no tengo esperanzas de volver a la escuela”, señaló.

Entre las 43.000 personas desplazadas que se han agrupado en torno a Kitchanga, ganar lo suficiente para comer prima sobre la educación. "Puedo proporcionar alimentos o las tasas, pero no ambas cosas”, explicó Nkawigomwa Batimazike, madre de cuatro hijos.

El director de una escuela local donde la mayoría de los alumnos son desplazados explicó que este año, como cada año, cerca de un cuarto de sus cerca de 800 niños saldrán porque no tienen suficiente dinero para pagar las cuotas de 21 dólares por año.

Agitando la mano hacia un bullicioso mercado cubierto de hollín que hay al lado de la escuela, Evaristo Ndagijimana comentó: "La única manera de conseguir dinero aquí es unirse al comercio de carbón, que es donde acaban muchos de los que dejan los estudios”.

Asomando de entre un bosque de sacos grises más alto que él, Alberto, de 12 años, está cubierto de polvo del carbón de manejar la pala con sus diminutas manos. Su madre y su hermana trabajan junto a él.

Una vez por semana se hace una caminata de cuatro horas desde las laderas volcánicas del Parque Nacional Virunga a Kitchanga, transportando pesadas cargas de carbón. "Me siento muy cansado", susurró.

Alberto fue a la escuela primaria dos años antes de que a su familia se le acabara el dinero y empezó a trabajar ayudando a ganar 3 dólares por cada saco de 50 kilos extraído del bosque.

Los sacos se venden por 25 dólares en Goma, a 55 millas, un trayecto que lleva cuatro horas por caminos llenos de baches que cortan la respiración a través de un impresionante paisaje de pastos verdes y bosques alpinos.

Los niños en conflicto viven con miedo, aislamiento e inestabilidad”, explicó Jasmine Whitbread, directora ejecutiva de Save the Children. “Muchos han sido obligados a abandonar sus hogares. Estos niños, apoyados por sus padres, quieren desesperadamente regresar a la escuela”.

En el este del Congo el miedo a violaciones y a los ataques sexuales agravan la pobreza que saca a las niñas de la escuela. El año pasado se registraron unas 11.000 violaciones pero se cree que la cifra real es mucho mayor. El miedo y el estigma disuaden a muchas de informar de la violación. Los niños son frecuentemente el blanco.

Marie, de 14 años, fue expulsada del colegio cuando se quedó embarazada del hombre que la violó. “Me gustaba ir al colegio porque me daba la oportunidad de llegar a ser alguien”, explicó. “Todo cambio cuando di a luz a mi hijo. Supe desde ese momento que nada volvería a ser igual”, dijo desolada.

El informe de la UNESCO pide que se cree una comisión especial sobre violencia sexual y violaciones en zonas de conflicto. La comisión estaría respaldada por el Tribunal Penal Internacional de La Haya.

También critica un sistema de ayuda internacional “roto” que fracasa al no ser suficiente para financiar la educación. “El fracaso miserable de las comunidades desarrolladas para proporcionar escolarización y protección a los niños en zonas de guerra brutal nos avergüenza a todos”, destacó Kailash Satyarthi, presidente de la Campaña Mundial por la Educación.

“La escolarización y la seguridad es lo que los padres y los niños quieren en este tipo de ambientes y está en lo más alto de la lista de lo que se les debe proporcionar”, añadió.

Jolie Karine, de 25 años, es ya madre de cinco hijos. Su esposo fue asesinado hace tres años así que hace el trabajo agotador de cargar carbón por un dólar al día. “Nunca fui a la escuela, así que sé que la educación es importante para su vida futura”, explicó, sentada con sus hijos en frente de la casa familiar de dos habitaciones, una cabaña a las afueras de Kitchanga que tenía una estera de paja que hacía de puerta.

“Es difícil: algunas veces abandonan durante un año antes de que pueda conseguir el dinero para que vuelvan a la escuela”. Pero, añadió con una sonrisa, “si estudian alguno podría incluso llegar a ser médico”.

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