sábado, 11/02/2012 - 05:04 h
Rusia ya ha prohibido sus exportaciones de trigo después de ver quemarse la cuarta parte de sus cultivos. Pese a que otros productores dicen poder compensar las restricciones rusas, algunos analistas temen una crisis de alimentos internacional.
(Moscú, Rusia). Los devastadores incendios que se propagan por el campo ruso han acabado con una cuarta parte de la cosecha de grano del país, lo que ha obligado a prohibir las exportaciones de trigo desde el pasado domingo e incrementado el temor a una crisis mundial de alimentos.
Una crisis de alimentos similar en 2007-08 provocó disturbios en los países en desarrollo, desde Bangladesh a Yemen, Haití y Costa de Marfil. ¿Podría ocurrir algo similar este año? No necesariamente, dicen los analistas.
En este momento las reservas mundiales están repletas, y se espera que unas cosechas buenas de grano en países como EEUU y Argentina sirvan para mitigar la escasez de Rusia. Este año es probable que no haya una crisis de cereales, aseguran los expertos.
Rusia es el tercer productor mundial de grano, y acapara cerca del 13 por ciento del comercio mundial de trigo. Gran parte del trigo ruso se exporta a Oriente Medio. Egipto es su principal mercado, seguido de Turquía, Siria, Irán y Libia, según algunos informes.
Desde que comenzó hace dos meses la ola de calor en Rusia, y la consiguiente sequía e incendios, las autoridades del país han ido revisando a la baja las previsiones para la cosecha de trigo de este año.
La demanda interna rusa de grano ya ronda por si sola los 77 millones de toneladas anuales. Afortunadamente, dicen las autoridades, en este momento hay en reserva unos 22 millones de toneladas.
Pero el anuncio de una eventual escasez de grano en Rusia ha provocado un aumento del precio del trigo. A principios de agosto, su precio había aumentado casi un 70 por ciento en 30 días, batiendo el precio máximo en dos años.
En un intento por proteger a Rusia de un aumento del precio mundial del trigo, el primer ministro Vladimir Putin anunció una prohibición de las exportaciones de este cereal, que entró en vigor el pasado domingo y que durará hasta finales de año.
Esto significa que habrá menos trigo en los mercados globales, ¿pero significa también un aumento crítico de los precios? No necesariamente.
Los expertos aseguran que hay unas importantes reservas de grano, gracias a que en los dos últimos años ha habido cosechas mucho mejores de lo esperado. Además, se espera que este año haya una producción buena en EEUU y Argentina, lo que compensará la caída de Rusia.
En Arabia Saudí, el presidente de Herfy, una de las principales cadenas de restaurantes de Oriente Medio, ha asegurado que no espera que les afecte la prohibición de exportación de Rusia. “Herfy tiene reservas de trigo suficientes para cuatro o seis meses, así que no nos afectarán las subidas de precio de este año provocadas por la prohibición rusa”, explicó Ahmad Hamad Al Saeed en el canal de televisión al-Arabiya.
Hay otras señales fuera de Rusia que también parecen positivas. El jueves, las autoridades agrícolas de Kansas dijeron que esperaban una cosecha récord de maíz este año.
“Aunque se tengan en cuenta las pérdidas de Rusia, Ucrania y Kazajistán, va a haber suficientes cereales este año”, explica Konstantin Fastovets, analista del banco de inversiones ruso Renaissance Capital. El aumento previsto de la cosecha global de sustitutos del trigo como el maíz y el mijo, así como unas buenas reservas en los almacenes, deberían de servir para evitar una crisis severa, añade.
“Los precios van a ser más altos comparando de año a año”, dice Fastovets, prediciendo un aumento general del 8 por ciento. “No es una subida drástica, pero es un aumento de todas maneras”.
La situación no obstante podría empeorar. En un informe difundido la semana pasada, el Departamento de Agricultura de EEUU señalaba que espera una caída de la cosecha mundial de trigo del 2,3 por ciento este año, hasta situarse en 645,73 millones de toneladas. Añade además que se espera que la producción de trigo de Rusia caiga un 27 por ciento respecto al año pasado, siendo de 45 millones de toneladas. De esa cifra, se cree que Rusia exportará 3 millones de toneladas, bastante menos que los 18,5 millones de toneladas del año pasado.
Rusia está animando a los miembros de su unión aduanera, Bielorrusia y Kazajistán, a implantar una prohibición similar. De hecho, Ucrania, un gran exportador de trigo y cebada, ya está a punto de hacerlo, puesto que sus cosechas están sufriendo debido a la ola de calor veraniega.
A excepción de la prohibición a las exportaciones, Rusia parece estar poniendo su destino en poco más que la intervención divina. El pasado jueves el presidente Dmitry Medvedev viajó al corazón de la región productora de cereales del país para reunirse con granjeros y comerciantes. “Hay que rezar para que el año que viene no sea tan difícil”, recomendó.
En Rusia los agricultores están luchando para mitigar los efectos de la prohibición a las exportaciones, y su sindicato ha presionado al gobierno para que la entrada en vigor de la norma se retrase hasta el 1 de septiembre.
“Hicieron esto sin avisar, demasiado rápido”, explica un portavoz del sindicato, Anton Shaparin. Según él, en el puerto ruso de Novorossiysk ya hay cargadas 240.000 toneladas de trigo para exportar, y otras 300.000 en camino. Ahora el gobierno estudiará la posibilidad de autorizar esas exportaciones, tal y como estaba previsto, añade.
Los políticos de todo el mundo están muy atentos a la situación, temerosos de que se repita otra crisis de alimentos como la de 2007-08.
Egipto, el mayor importador mundial de trigo, ya ha pedido a Rusia que permita la salida de un cargamento de 540.000 toneladas de trigo, adquirido antes de que entrase en vigor la prohibición de las exportaciones. Más de la mitad del trigo que importa Egipto procede de Rusia.
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