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Opinión: El Diluvio según Hugo Chávez

Rafael del Naranco, Caracas

viernes, 05/10/12 - 13:00

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  • El 4 de febrero de 1992 el mundo conoció a Hugo Chávez Frías, comandante de Paracaidistas, imbuido en los preceptos de un Simón Bolívar arcaico.
  • El próximo domingo 7 el comandante se juega su destino. Dice que habrá guerra si la oposición gana la presidencia. Es decir: después de mí, el diluvio y la gélida noche eterna.
"El Ruso", el perro que Putin regaló a Chávez, no tiene relación con Stalin

El 4 de febrero de 1992, siendo la medianoche, Caracas se sobresaltó ante los increíbles eventos que estaban teniendo lugar cerca del Palacio Presidencial de Miraflores, en las instalaciones de la Guardia de Honor Militar y en la residencia de La Casona, lugar de habitación de la familia del entonces jefe de Estado, Carlos Andrés Pérez.

Ese día el mundo conoció a Hugo Chávez Frías, comandante de Paracaidistas, imbuido en los preceptos de un Simón Bolívar arcaico, aunque en él prendieron con un fervor casi paranoico.

Ahora, a cumplirse 14  años de aquel suceso, Caracas sigue sobresaltada y el mundo entero hablando un día sí y otro también de ese militar que, por expresión de una frase cargada de doble sentido, “por ahora”, ascendió a la Presidencia de la República y hoy es – no cabe duda - el líder emblemático de la izquierda insurgente latinoamericana, dolor de cabeza para Washington, y tiene como referencia de honradez, cabalidad y pensamientos honestos a Fidel Castro: el revolucionario habanero le llama “mi hijo político”.

Un hombre que perdería por aquellos sucesos el poder total a los pocos meses y el bagaje político de toda una vida, Carlos Andrés Pérez – dos veces presidente de la nación -, fallecido en Nueva York donde vivió de la ayuda de un minúsculo grupo de amigos, tuvo por Chávez un desprecio compacto (la conversación que se reproduce aquí es la que mantuvo este autor con Carlos Andrés Pérez):

 “A más de una década de aquella hecatombe para Venezuela que desangró un país y dejó la más grande división de su historia, ese militarucho no significa nada para mí, pero el suceso fue sumamente grave al ser punto de inflexión en la situación política venezolana, cometiendo yo el error de no darle la importancia que tenía, y en lugar de haber tomado medidas muy severas, nombré a un Consejo Consultivo y me sometí a sus dictados.

- Chávez repitió hasta el cansancio que no le querían matar, se le preguntó:

-  Eso es absurdo. La decisión era clara; si no, no hubieran hecho lo que hicieron. La revolución fracasó, pero dejó mucha sangre. Chávez y su sus soldados fueron hechos prisioneros, pero tratados con mucha dignidad.

- ¿Fue un error del presidente Rafael Caldera sacarlo de la cárcel de Yare y colocarlo en la diatriba política, antes de juzgarlo?

- Eso, más que un error, es un hecho incalificable desde el punto de vista democrático, porque aunque es cierto que en Venezuela siempre, por tradición, se ha usado la gracia presidencial en casos como éste, al menos ha debido quedar clara la condena. Se debió juzgar a los insurrectos, condenarlos, y después, como debe ser, darles el indulto, aunque hoy Chávez tiene presos políticos y no lo hace. Le falta honor e  hidalguía castrense.

Ahora los tiempos son otros y la vida de Venezuela también. El comandante  llegó al poder con los votos de las urnas; es, no hay duda, un fenómeno político, pero en la actualidad no gobierna con los votos, sino con las botas. Controla todos los resortes del poder con mano de hierro. Lo que él piensa y dice, es una orden.

Afirmó en una de sus maratonianas arengas cuartelarías que lo del 4-F de 1992, fue una rebelión y no un golpe de Estado, como sí califica lo del 11 de abril de 2002 cuando fue derrocado por unas horas.  

Hugo Chávez repite la invocación de los antiguos heréticos del medioevo: “Conmigo la luz, sin mí la oscuridad, la hiel y el azufre”.

Intenta ser guerrero a cada hora, y como todo cabo furriel que jamás vio la línea del frente al estar su lugar en la retaguardia, vocifera enfáticamente de estratagemas, balas, barro, cañones, morteros y obuses, patreñas leídas en viejos cuadernos de cuartel.

Vino al mundo con una idea cincelada a escoplo en su piel: No hay disidentes, simplemente enemigos, y con estos no se dialoga, se les apunta con la mira de un Kalashnikov.

El próximo domingo 7 se juega su destino. Dice que habrá guerra si la oposición gana la presidencia con el joven Henrique Capriles. Es decir: después de mí, el diluvio y la gélida noche eterna. Con Chávez, todo; fuera, el vacío y la soledad absoluta. Escuchándole chacharear, los dioses se quedan dormidos. Él es Alfa y Omega. Principio y fin de la existencia en la tierra de Simón Bolívar.

Cree que los sectores de oposición, con apoyos del Imperio, irán por él. “Nosotros representamos el proyecto de la paz, ellos el de la guerra”. Patético: solamente hay una Venezuela, la suya: el resto podredumbre y escoria.

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