“Si todos somos personas, y como tales tenemos una capacidad de decisión, ¿dónde está nuestro poder para tomar decisiones en la vida?”. Beatriz, 23 años, estudiante extremeña de Antropología Social, está de Erasmus en Oporto y desde hace unos días es una de los cientos de “indignad@s” que han tomado la Plaza de la Batalla, frente al Teatro Nacional São João.
Hay estudiantes, trabajadores, desempleados, sin techo, españoles y portugueses. Se han reunido para pasar los días reflexionando e intercambiando opiniones sobre el significado de la “democracia real”.
“Por un cambio de conciencia, por el respeto y la sensibilidad de ser seres humanos”. La protesta empezó el miércoles 18 en la puerta del consulado de España, con dos manifestantes: Antón, de Galicia, y Laura, de Madrid. Después de dos días, ya eran aproximadamente 60 personas y unas 20 durmieron en la plaza por la noche.
Desde entonces, cada tarde un centenar de personas se dan el relevo en la zona de acampada y se reúnen en asamblea. En Lisboa llevan manifestándose desde el día 19. Y en ciudades como Coimbra también se reúnen los indignados.
En las asambleas de Oporto, los manifestantes de la Plaza de la Batalla toman todas las decisiones y todo el mundo pueda opinar y tomar parte en la toma de decisiones. “Recuperar el significado de 'democracia' como poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, dice el manifiesto aprobado por la asamblea.
“Somos un movimiento autónomo”, sigue el manifiesto, “no seguimos direcciones o intereses específicos de ningún partido político, sindicato u otro grupo. Es un movimiento de personas solidarias que practican el ejercicio creativo de alternativa a los problemas que tienen”.
Durante el día hay grupos que dan una vuelta a la ciudad con instrumentos de música, para hablar con la gente y explicar lo que está pasando en la Plaza de la Batalla. Otros preparan talleres sobre temas de economía y política. Y cuando no se habla de política se baila o se canta. Otros ofrecen talleres para los niños.
A imitación de la micropólis en la Puerta del Sol de Madrid, aquí también unos libros de universidad y muchos diarios constituyen una pequeña biblioteca abierta a todos. “Pensar es libre”, dice un cartel colgado de una cadena.
“Vivimos en una sociedad en la que los valores humanos se van perdiendo poco a poco”, - afirma Carlos, de 23 años, que se define como un “trabajador social precario”. “La política es un gran teatro, en el que se vela más por los intereses de los bancos y de las grandes empresas que por los de las personas”. Opina que con la excusa de la crisis se están recortando derechos sociales.
Contra los bancos, que consideran los principales causantes de la crisis. Contra el bipartidismo y la opción de votar sólo cada cuatro años para delegar en otros. “Eso no es democracia, para nada. Estoy indignado. ¡Quiero que se rescaten personas, y no bancos!”, se queja Carlos.
Augusta, 30 años, arqueóloga lusa desempleada, quiere que le devuelvan su felicidad: “Sentimos que están acabando con nuestro futuro y presente, con nuestros sueños”. Para otros, la indignación se convierte más en rabia que otra cosa.
Gregorio, 53 años, retirado por discapacidad, está preocupado por sus nietos, de uno y cuatro años. “Los políticos ya daban dinero al FMI y mis nietos no pidieron nada al Estado y tampoco yo. Que pague quien llevó a cabo el acuerdo”.
“Sócrates fue quien quiso la intervención del FMI”, dice el portugués Fernando Luis, 49 años, sin trabajo. “Y siempre son los otros los culpables de lo que él hizo”. En las calles de Portugal, FMI da lugar a un juego de palabras y no se refiere sólo al Fondo Monetario Internacional, sino que son además las siglas de “Fode o Mundo Intero”, es decir: “jode al mundo entero”.
A veces, durante el día, la policía pasa cerca de la acampada para controlar la situación, sin intervenir en ninguna ocasión. Sólo una vez pidieron los datos a tres manifestantes. Todos confían en que no tendrán ningún problema antes de las elecciones del 5 junio. Es la fecha que se han marcado de momento para seguir acampados en la plaza.
Este domingo los lusos celebran unas elecciones anticipadas que buscan sacar a Portugal de la grave deuda económica. Son los comicios convocados después de que su primer ministro, José Sócrates, dimitiera al no recibir el apoyo del Parlamento para su paquete de medidas de austeridad.
Mucha gente pasa por la plaza, hace preguntas, lleva comida y bebida. Algunos expresan públicamente sus ideas. Dicen que no hay ninguna diferencia entre las motivaciones de españoles y portugueses porque la lucha no es en Madrid, Lisboa u Oporto. La lucha es general. ¿Con qué objetivo? Lo sabe, lo espera, lo sueña Inés, portuguesa de 30 años: “Juntos podemos realmente cambiar el mundo”.
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