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miercoles, 10 de febrero de 2010 - 00:03 h

Mundo

Un ’subidón’ en el Himalaya indio

14/07/2009 | Joel Elliot –GlobalPost para lainformacion.com

Los habitantes de la región de Himachal Pradesh poseen uno de los tipos de hachís más potentes del mundo. La venta a turistas de esta droga no ha logrado sacarles de la pobreza.

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MALANA, HIMACHAL PRADESH, India — Media docena de hombres, todos más o menos de unos 20 años, comienzan a desperezarse con los primeros rayos del sol que se filtran entre los picos nevados de los Himalayas y entran en la habitación de la pensión. La noche anterior estuvieron fumando hachís y bebiendo whisky hasta alta horas de la madrugada.

Apenas se hace de día, el grupo vuelve a fumar. No se mueven de donde están hasta que vuelven a quedarse dormidos, un ciclo de vida que han establecido desde hace un par de semanas.

Este es el tipo de vacaciones que muchos turistas, amantes de la droga, experimentan en Malana, un antiguo pueblo de 1.600 habitantes, conocido internacionalmente por la crema Malana, considerada una de las mejores variedades de cannabis del mundo. La mayoría de los residentes de Malana hablan suficiente inglés para vender hachís.

¿Quieres charas [hachís]?, le pregunta un hombre a un visitante.
Charas, no, gracias.
¿Charas? ¿Crema Malana? Tú quieres.
No, gracias.

El hombre queda confundido.

Negocio local

Los residentes de Malana, en su gran mayoría analfabetos, se ganan la vida con el cultivo de charas o hachís. Aquí prácticamente no existe otro negocio. Las décadas de control de las mafias y el deseo de ganar dinero rápido han reducido este poblado milenario a un centro de producción de droga.

A O.P. Sharma le gustaría cambiar las cosas. Sharma, ex agricultor, ex funcionario antinarcóticos y ahora activista antidrogas, no sólo desea erradicar el hachís, sino que también dar a sus habitantes la posibilidad de cultivos alternativos.

“Durante más de treinta años, esta gente ha producido casi exclusivamente hachís; nunca han cultivado algo legal”, explica.

Iram Mirza, una joven reportera de la TV local asociada a CNN, destapó en el 2006 la envergadura del cultivo de droga en Himachal Pradesh, tras realizar un viaje clandestino por la región. Descubrió que se usaban miles de miles de hectáreas de tierras sin dueño, en las montañas, para cultivar hachís. Las mafias de la droga de Europa e Israel controlan todo el negocio.

Un recorrido reciente por las cadenas montañosas que rodean Malana deja a la vista los campos de cultivo en forma de terraza, llenos de hachís.

“La policía llega con unos 100, 200 ó 300 hombres y arrasan con espadas las plantas de charas donde quiera que las vean. Pero no vienen muy seguido y nunca encuentran las plantas buenas”, declara un drogadicto que usa el nombre de Sumit (y que pide no dar a conocer su verdadero nombre por temor a que lo arresten).

Pobreza generalizada

Pese a que el hachís que cultivan es uno de los apreciados del mundo, la gente de Malana vive en la miseria. Las aguas del alcantarillado circulan a través del pueblo. Prácticamente no hay instalaciones para salud o educación. Muchos residentes sufren problemas de vista e infecciones dermatológicas y el consumo de droga comienza a temprana edad.

Una razón que explica la falta de infraestructura es que sus residentes reciben sólo una pequeña porción de la venta de la droga. Comprar una tola (piedra), equivalente a 10 gramos, del mejor hachís en Malana cuesta 30 dólares. Pero una vez que éste llega a Nueva Delhi, el precio se triplica; y en Goa (destino turístico internacional) el precio es 10 veces el original.

“En Ámsterdam es como tener un coche de colección. Los camellos ponen el precio”, señala Sumit.

En este sistema los que ganan más dinero son quienes lo transportan y venden y no quienes lo cultivan. Sharma espera que su plan demuestre a los residentes de Malana que es posible ganarse la vida de manera decente con otra cosa que no sea hachís. Para la primera parte de su proyecto, Sharma consiguió una ayuda de 3.900 dólares (3.000 euros) de la Fundación Shimla Sai Engineering. Compró unas 6.000 libras de semillas de guisantes y judías, que repartió a 225 agricultores de Malana.

Sharma calcula que una familia en que el hombre y la mujer trabajan la tierra pueden ganar unos 935 dólares por año con el cultivo de guisantes y judías, frente a los 1.000 dólares que reciben de la producción de hachís. Espera que el hecho de que esta cosecha alternativa es legal, les convenza de adoptarla.

No será fácil. Mirza, la reportera de TV, cree que la probabilidad de éxito es de un 40 por ciento para Sharma.

“Es una tarea imponente”, declara. “El hachís es una parte tan intrínseca de su cultura. Crece, no lo puedes controlar. He visto extensiones –montañas enteras- de 3.000 acres de cultivo. ¿Por qué un agricultor va a preferir un cultivo alternativo?

Sólo la cosecha de este verano revelará el éxito del proyecto.

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[1] comentario

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  1. 1 Iñaki

    Avatar de Iñaki

    28/07/2009 - 16:15

    El "drogadicto" Sumit, ¿fuma porros? Caray, igual el alcohólico reportero se tomó una cerveza antes de escribir el artículo.

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