La desgracia de Greg Oden obra como un automático flash back de lo que ya le sucedió a Portland con el caso de Sam Bowie, el pívot de Kentucky al que la franquicia de Oregón eligió con el número dos en el Draft de 1984, por delante de Michael Jordan (número tres; el uno fue Olajuwon). Graves lesiones, fracturas incluidas, condenaron la carrera de Bowie. Y Jordan luego hizo lo que hizo.