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Beate Zschäpe, la terrorista neonazi que ama a los gatos y las plantas

24/11/2011 07:15 | María Torrens
Convivía con los dos neonazis alemanes que con su suicidio dejaron en manos de la policía las pruebas de sus asesinatos y destaparon una trama de terrorismo de ultraderecha que pilló por sorpresa a las autoridades del país.
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Beate Zschäpe también era Lise, Manuela, Susanne Dienelt o Mandy Struck. Vivía en Zwickau, una pequeña localidad en el estado oriental alemán de Sajonia. Sus vecinos no sospechaban nada de esta mujer de 36 años amante de los gatos. Ni de ella, ni de sus dos compañeros de piso, Uwe Mundlos y Uwe Böhnhardt.

Pero un día a principios de este mes de noviembre se torció el proyecto del trío neonazi. La Policía perseguía a los dos hombres, porque habían robado un banco. Ellos se suicidaron cuando se vieron atrapados en su autocaravana repleta de pruebas incriminatorias.

Beate esta vez no quiso seguir su ejemplo. Este 4 de noviembre Beate, jardinera en el paro, estaba en casa. Pero la Policía aún no seguía su pista y con el margen de maniobra que le permitía el tiempo y la distancia (el piso estaba a 180 kilómetros del atraco), decidió escapar.

Eso sí, antes pasó por casa de los vecinos a llevar a sus dos gatos, según la reconstrucción de los hechos de los medios alemanes.

Beate vivió su infancia y juventud sola con su madre. Un trabajador social recuerda que la chica solía robar cosas sin importancia, cosas que no necesitaba en el supermercado del barrio de Jena donde vivía, en el estado del centro-este de Turingia, según el semanario Stern. La joven que no mostraba símbolos nazis en su vestimenta, pero sí se juntó con sus amigos Uwe en el grupo de ultraderecha “Camaradería de Jena”.

Lobo con piel de cordero

La imagen pacífica de esta jardinera y amante de los gatos escondía una mente que fue capaz de idear su propia versión del Monopoly hitleriano, con una cárcel que llamó "KZ", las siglas en alemán para campo de concentración.

Durante años consiguió esquivar a la Policía, que la había fichado ya en los años noventa junto a los dos Uwe pero en 1998 les dejó escapar. Por entonces los agentes descubrieron el Monopoly nazi en la habitación de quien por entonces era una veinteañera que vivía con su madre y ya compartía ideas neonazis con sus “camaradas”. Un verdadero lobo con piel de cordero, como describen a Beate varias personas que aseguran haber tratado con ella en su juventud.

Después de prender fuego al piso franco de Zwickau el día que sus amigos neonazis se quitaron la vida, estuvo cuatro días desaparecida. Pero acabó optando por entregarse a la Policía y ahora es ella la que está en el calabozo.

Su abogado dijo ya la semana pasada que Beate quiere declarar, pero aún están negociando los beneficios que podría obtener la presunta terrorista neonazi por su testimonio. Es la principal sospechosa en la lista de una docena de presuntos cómplices que maneja Berlín.

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