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La inestabilidad se aferra a Libia un año después de Gadafi

lainformacion.com

lunes, 22/10/12 - 20:35

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La inestabilidad se aferra a Libia un año después de Gadafi

BENGASI/TRÍPOLI (Reuters) - La inseguridad arruina Libia, donde las milicias aún campan a sus anchas un año después de que derrocasen a Muamar el Gadafi, lo que acrecienta la cautela de los inversores y nubla el futuro del país productor de petróleo.

El ataque del mes pasado al consulado de Estados Unidos en la ciudad de Bengasi, en el este del país, en el que murió el embajador americano Chris Stevens y otros tres empleados de la legación estadounidense, puso de relieve la fragilidad de un Estado que lucha por dejar atrás la herencia de los 42 años del régimen de Gadafi.

Los libios se rebelaron contra su líder durante la oleada de revueltas árabes contra sus gobernantes autócratas a principios de 2011, pero tuvieron que luchar para derrocarlo, con la ayuda de una campaña de bombardeos de la OTAN.

La mayoría de los libios sigue encantada con el fin de Gadafi y muchos expresan un cauto optimismo sobre el futuro del país.

Sin embargo, un año después, el caos aún reina en la nación norteafricana, como puede testificar Shehata Awami, el primer gobernador electo de Bengasi.

Dimitió después de tres meses, atrapado entre la presión diaria, a menudo acompañada por amenazadas armadas de la gente que pide trabajo o una vivienda, y un débil e ineficaz gobierno central en Trípoli.

"Una vez, varios miembros del consejo me llamaron temblando de miedo. Un hombre que exigía una casa les había dicho: 'Si no obtengo lo que quiero, entraré en vuestro edificio con dos maletas llenas de explosivos y os volaré a todos'", dio Awami.

"Cada dos semanas envío delegaciones a Trípoli para reunirse con el gobierno y pedir ayuda", dijo. "Y cada vez se nos responde: 'Más tarde, mañana, no podemos ayudar ahora'".

Shehata dimitió en agosto para volver a su empleo en un banco.

El descontento se extiende por toda Libia, no solo en Bengasi, la cuna de la revuelta. La cultura de las pistolas se ha apoderado de la situación, dicen residentes, citando secuestros, robos a mano armada y disputas que acaban en tiroteos entre bandas rivales.

La última de ellas en torno al ex bastión de Gadafi de Bani Walid demuestra que persisten profundas divisiones. Trípoli a menudo acusa a los leales a Gadafi de intentar desestabilizar la transición a la democracia.

MILICIAS INCONTROLADAS

El gobierno no ha podido controlar a las milicias, la mayoría de sus miembros son ex rebeldes. Incluso peor, confía en ellos para establecer el orden, con la policía y el ejército en ciernes incapaces de acabar con las disputas de las milicias, controlar las fronteras libias o poner orden entre los militantes islamistas de línea dura.

"Cuanto más tiempo continúen estos grupos realizando las tareas de seguridad que deben ser responsabilidad de las fuerzas de seguridad del Estado de Libia, más difícil será luego desmovilizarse o integrarlos al ejército", dijo Torbjorn Soltvedt, veterano analista en la consultara de gestión de riesgos Maplecroft.

Muchos de ellos son técnicamente parte del Comité de Seguridad Supremo (SSC, en sus siglas inglesas), creado temporalmente en septiembre del año pasado para intentar regular a los grupos armados que se ven sí mismos como guardianes de la revolución libia.

Sin embargo, la corrupción y la mala gestión del dinero público se hicieron sentir cuando la gente corrió a por armas, vehículos y privilegios concedidos supuestamente a los combatientes de primera línea, dijo un responsable del consejo local de Trípoli Sada Elbadri.

"En Trípoli, empezamos con 30.000 revolucionarios. Ahora tenemos 100.000. ¿De dónde sale esa gente?", preguntaba. "Incluso las mujeres se apuntan, diciendo que solían cocinar para los combatientes por lo que deben ser consideradas revolucionarias y recibir un salario".

Aparte de drenar las finanzas públicas, la SSC se ha convertido en un problema de seguridad, amenazando con eclipsar a su creador y pagador, el Ministerio del Interior, dijo Elbadri.

Interior ha prometido en repetidas ocasiones desarmar al SSC, pero esto no ha ocurrido, para disgusto de muchos libios.

Los temores sobre la seguridad han mantenido a los inversores extranjeros sentirse cautos sobre Libia a pesar de las grandes oportunidades y riqueza del petróleo para pagar las necesidades urgentes de la reconstrucción.

Las empresas extranjeras todavía tienen que llevar de vuelta a todos sus expatriados y muchos hombres de negocios viajan con asesores de seguridad.

Las compañías petroleras fueron las primeras en regresar a Libia el año pasado, ayudando a restaurar la producción cerca de los niveles anteriores a la guerra de 1,6 millones de barriles por día. Sin embargo, en algunos casos, se han enfrentado a los requerimientos de pago de ex combatientes rebeldes que custodiaban las instalaciones petroleras.

Libia dio un gran paso hacia la democracia en julio al celebrar sus primeras elecciones libres para el congreso nacional general (GNC, en sus siglas inglesas), pero el gobierno tiene aún que obtener la aprobación del GNC.

El primer ministro electo Ali Zeidan está intentando formar un ejecutivo ampliamente aceptado después de que predecesor, Mustafa Abushagur, fuese cesado este mes tras perder una votación de confianza.

/Por Hadeel Al Shalchi y Marie-Louise Gumuchian/

(Reuters)

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