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viernes, 19/09/14 - 02: 53 h

diplomacia

REPORTAJE ESPECIAL-Detrás de la simpatía de Berdoglio hay un Papa político

lainformacion.com

viernes, 29/03/13 - 11:23

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REPORTAJE ESPECIAL-Detrás de la simpatía de Berdoglio hay un Papa político

BUENOS AIRES (Reuters) - Cuando Jorge Bergoglio terminó sus estudios de química en el instituto, su madre le preguntó qué carrera quería escoger.

"Medicina", respondió el delgado joven de 19 años, según su hermana menor María Elena.

La madre de Bergoglio vació entonces un trastero en la casa que tenía en Buenos Aires la familia de clase trabajadora para que pudiera usarlo como estudio. Cada día, después de su trabajo de media jornada en un laboratorio, Bergoglio regresaba y se encerraba en el cuarto.

Una mañana, sin embargo, su madre se llevó una sorpresa: en la habitación no había libros de anatomía ni de medicina, sino de teología y catolicismo. Perturbada por el inesperado cambio de rumbo, la mujer confrontó a su hijo mayor.

"¿Qué es esto?", preguntó.

Y Bergoglio respondió: "Es medicina para el alma".

Para el hombre de 76 años que la semana pasada asumió la jefatura de la Iglesia católica, ése fue el primero de una serie de cambios con los que a menudo desafió las expectativas. Y fue también una pista de la determinación de acero que subyace a una imagen exterior encantadora y modesta, según describen quienes lo han tratado.

"Jorge es un hombre político, con un olfato político muy grande", dijo Rafael Velasco, sacerdote jesuita que durante su formación conoció a Bergoglio y que ahora es rector de la Universidad Católica de Córdoba, en la región central de Argentina.

"No es una pose esto de la humildad, pero (...) va acompañada de un gran conocimiento de las personas, tiene una gran capacidad como para conocer intuitivamente a las personas", dijo.

El primer Papa latinoamericano es también el primer pontífice jesuita. Igual que en otras órdenes, los sacerdotes jesuitas hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, pero además hacen otro de una subordinación especial al Papa. También prometen no aspirar a posiciones de jerarquía dentro de la Iglesia.

Pero Bergoglio subió sostenidamente el escalafón jesuita y fue más allá, a veces chocando con sus compañeros tan enfáticamente que en una ocasión un superior decidió sacarlo de la escuela donde enseñaba.

Tras ser nombrado obispo, ascendió los peldaños de la jerarquía católica hasta asumir la mayor archidiócesis de Argentina y ser nombrado cardenal. Durante ese recorrido, Bergoglio rechazó las prerrogativas especiales que conllevaban las distintas posiciones que ocupó.

Como arzobispo de Buenos Aires, por ejemplo, ganó notoriedad por tomar el metro y ocupar un modesto apartamento de una sola habitación, dejando de lado la mansión en la vivieron sus predecesores.

Cuando emergió como posible sucesor de Juan Pablo II, en 2005, Bergoglio dijo a sus familiares y amigos que no quería ser Papa. Amaba demasiado Buenos Aires, dijo. No quería irse. Y cuando los cardenales lo eligieron como sucesor de Benedicto XVI más temprano este mes, bromeó: "Que Dios los perdone".

Los argentinos disfrutan con un compatriota suyo se haya convertido en el primer Papa no europeo en 13 siglos.

Francisco también sedujo a millones de fieles con su lenguaje llano, su rechazo a vestir las prendas papales más elaboradas y su insistencia en pagar personalmente la cuenta del hotel la mañana siguiente al cónclave.

Algunos esperan genuinamente que pueda reanimar una Iglesia desgastada por los escándalos y debilitada por otras religiones y por el laicismo, a la que muchos católicos consideran desconectada de los valores contemporáneos.

También sobrevuelan dudas sobre el papel que tuvo durante la dictadura militar en Argentina, que reprimió brutalmente a militantes de izquierda y a opositores en la década de 1970 y comienzos de los años 80.

Algunos señalan sus palabras sobre el matrimonio homosexual, al que definió como "'una movida' del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios", para probar su conservadurismo de línea dura.

El Vaticano lo ha defendido rápida y enérgicamente. El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, dijo que los ataques "revelan elementos anticlericales e izquierdistas usados para atacar a la Iglesia".

Casi 20 entrevistas, como por ejemplo a su hermana, colegas de la orden jesuita en Argentina y a su círculo en la archidiócesis, configuran la imagen de un sacerdote devoto y religioso cuya comprensión de la doctrina de la Iglesia no quitó su foco en la caridad, la compasión y el trabajo social.

También revelan a un líder calculador y acostumbrado a imponer su posición. Tanto, que una vez hizo que una corte entera fuera hasta donde estaba él en lugar de caminar un par de calles para presentarse ante el tribunal.

PRIMEROS AÑOS

Bergoglio, el primero de cinco hijos, nació y fue criado en el barrio de clase media-baja de Flores, en el centro de Buenos Aires. Su padre, un inmigrante italiano, trabajó como contable en una fábrica de medias. Su madre, de la misma ascendencia, trabajaba en la casa.

Sus abuelos paternos le enseñaron italiano y una de sus abuelas, según contó él mismo, le enseñó a rezar.

Amigos y familiares recuerdan al vecindario como un lugar sencillo y amistoso, donde los vecinos solían colocar mesas en las calles y compartir comidas.

María Elena, su única hermana viva, recuerda que su padre reunía a la familia para rezar el rosario antes de la cena. Bergoglio era un hermano estudioso y cariñoso, según contó en una entrevista.

"Fue un gran compañero (...) siempre cuidó a los amigos y a la familia", dijo.

Durante su primer año en la secundaria - un curso vocacional de seis años fuertemente centrado en la química -, el actual Papa pidió permiso para preguntar a sus compañeros de clase si habían hecho la primera comunión.

El director de la escuela accedió y Bergoglio enseñó a cuatro compañeros el sacramento y los presentó a un sacerdote local. Pocos meses después, los cuatro hicieron la comunión.

"Él ya tenía aquella vocación", afirmó Alberto Omodei, uno de sus compañeros de clase. "Tenía un deseo de llevar a la gente más cerca de Dios".

Cuatro años después, Bergoglio decidió dedicar su vida a esa inspiración divina. Una mañana de primavera, mientras iba a una excursión campestre, sintió el fuerte impulso de entrar a una Iglesia. En el confesionario tuvo una intensa conversación con un cura. Canceló su salida y prometió convertirse al sacerdocio.

"No sé qué pasó", declaró a una radio argentina el año pasado. "Pero supe que tenía que convertirme en sacerdote".

Cuando se lo comunicó a su familia, a su madre le preocupó que la vida de sacerdote fuera demasiado solitaria. Su padre aceptó la idea.

A los 21 años iba a entrar en un seminario en Villa Devoto, otra zona de clase trabajadora al oeste de Flores. Pero sus estudios se retrasaron por una fiebre que los médicos temieron pudiera matarlo. Debieron retirar tres quistes de su pulmón derecho.

Según una declaración en "El Jesuita", una biografía autorizada de los periodistas Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti publicada en 2010, a Bergoglio lo irritaban los intentos de la gente cercana para levantarle el ánimo con palabras esperanzadoras.

Pero encontró fuerza en el mensaje de una monja que le dijo que estaba "imitando a Jesús" a través del sufrimiento. "El dolor no es una virtud en sí misma, pero la forma en que uno lo maneja puede serlo", comentó a sus biógrafos.

El joven se recuperó, ingresó en el seminario y decidió unirse a los jesuitas. La orden administraba el seminario en aquella época y Bergoglio encontró atractivo su enfoque sobre la educación y la hermandad.

Un año después, en 1960, se mudó a Córdoba, la segunda mayor ciudad de Argentina, donde la orden entrenaba a sus iniciados. El ambiente era disciplinada y formal, según lo recuerdan sus compañeros. El "hermano Bergoglio" era alegre y devoto. abrazó el enfoque de estudios de la orden, centrado en el lenguaje, la literatura y la filosofía.

Ocasionalmente, otras cosas también captaron su interés. En un libro sobre conversaciones con un rabino amigo, uno de varios líderes judíos con los que Bergoglio ha mantenido un diálogo público a lo largo de los años, menciona a una joven que conoció en una boda cuando estaba en el seminario.

"Me sorprendió su belleza, su luz intelectual", declaró en el libro "Sobre el Cielo y la Tierra", publicado en 2010. "No pude rezar a lo largo de toda una semana porque cuando me predisponía a hacerlo aparecía la chica en mi cabeza".

El enamoramiento pasó. Durante buena parte de la década siguiente, trabajó para ordenarse, estudió en universidades jesuitas en Argentina y Chile y enseñó en escuelas de la congregación.

Colegas de grey y estudiantes lo recuerdan como un profesor firme pero entusiasta, capaz de establecer vínculos con casi cualquier , desde jóvenes pupilos y sus familias hasta superiores y eruditos de la Iglesia. En cierta ocasión convenció a Jorge Luis Borges, un gigante de las letras argentinas, de que leyera para sus alumnos.

DICTADURA

Después de su ordenación en 1969, y de una breve misión en España, Bergoglio regresó a Buenos Aires para dirigir el programa de la orden para sus iniciados.

Allí impresionó rápidamente a sus superiores, según relatan algunos de sus compañeros de la época. En 1973, a los 36 años, fue elegido como provincial - líder nacional de la orden -, cargo que normalmente se ejerce por seis años.

El actual pontífice se ganó la reputación de alguien con buena memoria para los nombres, las ciudades, las relaciones y los pequeños detalles sobre sus colegas y fieles de la Iglesia <atólica. Además, logró contactos importantes, en especial con Antonio Quarracino, quien lo precedió como arzobispo y cardenal.

Pero el ascenso coincidió con uno de los períodos más turbulentos de la historia argentina.

Al igual que en gran parte del resto de América Latina, el país fue asolado por una crisis económica inserta en un creciente conflicto político entre la derecha y la izquierda.

Algunos miembros de la Iglesia regional empezaban a coquetear con la Teología de la Liberación, un movimiento que buscaba empoderar a los pobres. Los sacerdotes más radicalizados de ese movimiento empezaban a instar a la lucha armada.

Aunque Bergoglio había trabajado por los pobres, dejó claro en las discusiones que la orden no se inclinaría hacia el marxismo, según aseguraron tres de sus sucesores como Provincial y otros sacerdotes jesuitas.

Las cosas empeoraron cuando los militares argentinos tomaron el poder con un golpe de Estado en 1976 y reprimieron a sus oponentes en una saga brutal de secuestros, tortura y asesinatos que dejó un saldo de entre 10.000 y 30.000 muertos o "desaparecidos".

Entre las víctimas del régimen hubo al menos 19 sacerdotes y decenas de católicos de izquierda.

Un episodio particular implicó a Bergoglio. En mayo de 1976, oficiales navales detuvieron a dos sacerdotes jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jalics, debido a su trabajo pastoral en un barrio pobre de Buenos Aires. Los militares pensaban que estaban ayudando a activistas contra el régimen.

Compañeros jesuitas dijeron que Bergoglio, para ese tiempo bien versado en la política local, conseguía ocasionalmente información sobre redadas militares y alertaba a otros sacerdotes para que las evadieran.

En el caso de Yorio y Jalics no ha surgido evidencia concluyente de que Bergoglio tuviera conocimiento previo sobre su secuestro.

Pero Horacio Verbitsky, un periodista argentino que ha escrito extensamente sobre el período, ha dicho que Bergoglio no hizo lo suficiente para advertir a los sacerdotes del peligro.

Según el libro de Verbitsky "El Silencio", Bergoglio retiró la protección de la Orden a los dos sacerdotes después de que se negaran a dejar de visitar los barrios, allanando el camino para su captura. El periodista no presenta pruebas.

En su biografía autorizada "El Jesuita", Bergoglio dijo que por mucho tiempo ignoró esas acusaciones "para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar".

En ese libro, afirma que trabajó incansablemente para lograr la libertad de los hombres y que convenció a un capellán del Ejército -c uyo nombre no revela - de no oficiar una misa para que Bergoglio mismo pudiera dirigirla y pedirle al jefe de la junta de Gobierno que liberase a los sacerdotes.

Yorio y Jalics estuvieron secuestrados cinco meses, muchas veces encadenados y encapuchados. Finalmente sus captores los drogaron y abandonaron en un terreno baldío.

No hay certeza de cómo se consiguió su liberación.

Bergoglio y otros han hablado de sus esfuerzos por esconder y ayudar a escapar a perseguidos. Incluso recuerda un episodio en el que un hombre parecido físicamente a él huyó por la frontera norte de Argentina, vestido como sacerdote y con su documento de identidad.

Otro caso que lo afectó refleja el delicado equilibrio que implicaba en ese período ayudar a las víctimas sin contrariar al régimen. En 1977, siete

Aliados de Bergoglio y varios historiadores afirman que hubo poco que pudiera hacer para limitar ese tipo de atrocidades. Muchos de quienes las denunciaban abiertamente fueron asesinados y Bergoglio, aunque líder de los jesuitas, era mucho menos importante que otros clérigos de alto rango de otras órdenes.

Aun aquellos cuya resistencia fue más notoria empatizan con la posición del actual Papa.

"Si yo no hubiera tenido el encuentro con un torturado (...) no hubiera levantado la voz porque no se puede levantar la voz de lo que se desconoce", afirmó Miguel Hesayne, un obispo emérito reconocido ampliamente como uno de los pocos líderes de la Iglesia católica que criticaron al régimen en ese tiempo.

Pero otros, como supervivientes de familias de desaparecidos y activistas por los derechos humanos, critican a Bergoglio por no pronunciarse más abiertamente durante la dictadura y por su renuencia posterior a referirse a ese oscuro período.

INTERFERENCIA

La tarea de Bergoglio como provincial terminó en 1979. Su sucesor lo nombró rector de la escuela superior de los jesuitas en Buenos Aires, el Colegio Máximo de San Miguel, donde fue profesor, continuó sus estudios y siguió siendo una voz influyente.

En 1986, el siguiente provincial lo envió a Alemania para trabajar en un doctorado. Cerca de Fráncfort, estudió la obra de Romano Guardini, un filósofo católico que escribió en los años 30 sobre los peligros morales del poder.

"El catolicismo y el confrontar la violencia es algo que él también tenía que pensar", dijo Michael Sievernich, un profesor de teología que se reunió con Bergoglio en ese tiempo y destacó los paralelismos entre esa materia y el reciente horror que vivió Argentina.

Bergoglio se quedó ahí sólo unos meses, para sorpresa de sus compañeros, y regresó a Argentina con libros y fotocopias. La orden lo alojó en otra escuela de Buenos Aires, donde continuó sus estudios, volvió a la docencia y escribió.

Su prestigio en la capital se mantuvo alto. Pero pronto comenzó a expresar su desacuerdo con la forma en que sus compañeros dirigían la escuela, mayormente por pequeños detalles en los cursos y la administración, según recuerdan compañeros jesuitas. Su interferencia no fue bienvenida y el provincial Víctor Zorzin lo envió de vuelta a Córdoba.

El exilio terminó abruptamente en 1992, cuando Quarracino lo recomendó a sus superiores en Roma para obispo auxiliar de Buenos Aires. Regresó a su ciudad, pero en lugar de mudarse a una casa de la archidiócesis, volvió a una residencia jesuita.

Allí volvió a mostrar su impronta. Una vez, cuando un amigo de la Orden les regaló pasteles, Bergoglio los llevó a la cocina para que las camareras y los cocineros los compartan.

"No necesitamos un obispo que nos enseñe a compartir", recordó un jesuita que pidió no ser identificado porque no quería ofender al Papa.

Tras unos pocos meses, algunos comenzaron a preguntarse cuándo se iría. Finalmente, afirmó un jesuita de alto rango en aquel momento, la Orden le pidió que se mudara.

"REZA POR MI"

Bergoglio no es el primer jesuita en escalar en la jerarquía de la Iglesia. Aunque no buscan altos cargos, aceptan designaciones como obispos, arzobispos y cardenales en obediencia al Papa, quien decide esas promociones.

En la archidiócesis ascendió rápidamente. En 1997 el Papa Juan Pablo II designó a Bergoglio para suceder al cardenal Antonio Quarracino que estaba enfermo. Ocho meses más tarde, Quarracino murió.

Funcionarios de la Iglesia afirman que heredó una archidiócesis desordenada financieramente. Pronto probó ser un buen administrador que arreglaría las cosas para poder concentrarse en el ministerio de los pobres.

Entre otras medidas, creó una nueva vicaría para organizar el trabajo de caridad y las prédicas que desarrollaban los sacerdotes en muchas barriadas pobres, llamadas "villas miseria", que rodean Buenos Aires.

Más de 30 sacerdotes están ahora permanentemente establecidos en las villas. Al asumir, había sólo nueve.

"Llevó la Iglesia a las calles de Buenos Aires", afirmó Gabriel Marronetti, sacerdote de la iglesia en Flores donde Bergoglio sintió por primera vez la llamada para servir.

Su popularidad creció entre los parroquianos. El propio Bergoglio visitó las villas para lavar los pies a fieles pobres como parte del ritual del Jueves Santo antes de Pascua.

Y su perfil político también creció.

En 2004 enojó al presidente Néstor Kirchner con un discurso en el que criticó el "exhibicionismo y los anuncios estridentes" de los políticos.

En una caótica disputa con el Gobierno de la presidenta Cristina Fernández, viuda y sucesora de Kirchner, se puso del lado de los agricultores y se opuso a su intento de promulgar una ley de matrimonio homosexual. Pero sí respaldó un proyecto alternativo de unión civil para personas del mismo sexo.

Con la mayor exposición también llegaron nuevos cuestionamientos sobre su actuación en la dictadura.

Abogados que investigaban muchas de las desapariciones trataron de interrogarlo, pero Bergoglio se amparó en un fuero de la legislación argentina que permite a miembros de la Iglesia responder por escrito las requisitorias de una corte.

En 2010, cuando los abogados insistieron, el entonces arzobispo forzó a que el tribunal se moviera de su sede, y un grupo de abogados y funcionarios judiciales debió establecer un tribunal en la archidiócesis.

Una imagen de la Virgen María colgaba de un muro mientras un grupo de sacerdotes permanecía a su lado.

"¿Qué tipo de humildad es esa?", preguntó Estela de la Cuadra, tía de la bebé desaparecida, que aún busca respuestas sobre sus familiares.

"Va a posar para fotos donde sale pagando su cuenta de hotel, ¿pero no testificará en la corte como el resto de nosotros?", agregó.

Cuando Benedicto XVI renunció en febrero, muchos observadores de la Iglesia pensaron que el momento de Bergoglio había pasado. Había perdido en el cónclave de 2005 y quizá estaba demasiado viejo para pelear por el Papado en momentos en que los católicos piden rejuvenecer la Iglesia.

Su hermana María Elena recordó cómo ella y otra hermana ya fallecida, Marta, bromeaban con su hermano cuando volvió del cónclave anterior.

"Así es que te zafaste (escapaste)", le dijo Marta.

"Sí. Gracias a Dios", respondió Bergoglio.

Esta vez, antes de partir, llamó por teléfono a su hermana María Elena para despedirse rápidamente. "Reza por mí", le dijo. "Nos vemos cuando vuelva", añadió.

/Por Paulo Prada y Helen Popper/

* Para ver la versión en PDF con fotos http://link.reuters.com/fyb96t

(Reuters)

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