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lunes, 29/12/14 - 14: 32 h

partidos

Alejandro Llano: “Si eres listo, no te metas en un partido; te verán como un rival”

Juan Bosco Martín Algarra

sábado, 10/11/12 - 06:00

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Alejandro Llano, filósofo y profesor universitario durante más de cuarenta años, explica en esta entrevista por qué la cultura y la ética han dejado de cultivar las facultades superiores del hombre para convertirse en “productos” con un sentido meramente comercial.

Alejandro Llano es catedrático emérito de Metafísica  -Foto: Manuel Castells

Cuando a mediados de los sesenta Alejandro Llano, entonces joven estudiante de Filosofia, se enteró de que iba a ser detenido por la policía franquista, respondió a aquel que le había dado el soplo: "yo no puedo abandonar ahora, porque... yo soy un patriota". Casi medio siglo después de aquello, este ex rector de la Universidad de Navarra sonríe recordando la seriedad con la que pronunció la palabra patriota: "pero era verdad, me preocupaba qué pasaría con España una vez muerto Franco". El problema es que en la España de los sesenta nadie con algún poder político se atrevía a pensar que Franco se podía morir.

“LA CULTURA Y LA ÉTICA HAN EVOLUCIONADO A PEOR”

Usted vivió intensamente desde la Universidad las revueltas de 1968. ¿Se puede comparar esta crisis a aquellas?
Esta es menos espectacular que la del 68, pero mucho más profunda, porque recoge semillas plantadas en otras crisis. En el fondo todas conducen a lo mismo: una crisis global de la modernidad, basada en las ideas de la Ilustración (la crítica sistemática, la autonomía moral del hombre, el valor indiscutido de la ciencia...) Hay progresos tecnológicos, pero la ética y la cultura se encuentran en lo que algunos denominan “cristalización”. Yo diría más: desde entonces la ética y la cultura han evolucionado a peor.

A peor... ¿por qué?
Porque se ha hecho más superficial, y de ahí que sea menos valorada. Se ha perdido el sentido de la cultura como modo de vida, como cultivo de las facultades superiores del hombre: la inteligencia, la voluntad, la belleza, la convivencia... Estas facultades, cuando están inspiradas en la verdad, se traducen en obras de arte y en costumbres que ennoblecen al hombre. Ahora, sin embargo, se entiende la cultura como “producción”, en un sentido comercial y menos profundo. Todo ello repercute en nuestra concepción del mundo, nuestro estilo de vida y nuestra sensibilidad.

¿Cuáles deberían ser los valores propios de nuestra época?
En 1985 escribí un libro titulado “La nueva sensibilidad”, en el que apostaba por una versión constructiva de la postmodernidad, basada en cuatro pilares: el ecologismo, el pacifismo, el nacionalismo y el feminismo. Entonces se rieron de mí, porque pensé que una nueva sensibilidad apoyada en esos valores podría constituir una versión constructiva de la postmodernidad.

Parece que acertó... ahora son valores emergentes.
Pero he de reconocer que no de la forma que yo pensaba: se han tomado de forma muy superficial. De hecho, se aplican como movimientos disolventes y disidentes. Disidentes en tanto se han convertido en una especie de “antioficialismos”. Y disolventes porque rechazan de manera sistemática los valores inspirados en la ética tradicional o clásica, sobre los cuales está cimentada nuestra cultura occidental.

“EL FEMINISMO YA NO PLANTEA IDEAS INNOVADORAS ACERCA DEL PAPEL DE LA MUJER”

Vayamos por partes... hablemos del feminismo.
Ha quedado reducido a un mero movimiento de protesta, a una mera reivindicación sobre la cuota que deben tener las mujeres en las instituciones o en las empresas. Pero eso es vulgar, puesto que ya se sabía. No hay innovación. No encuentro yo ideas interesantes acerca de su papel diferencial y el respeto a los valores que la mujer ella ha encarnado, como la conservación y cuidado de la vida humana.

Quizá el cuidado de la vida humana haya quedado en otro movimiento que usted citaba, el pacifismo.
No cabe duda que, tras la experiencia de las guerras mundiales, los movimientos pacifistas contribuyeron al concienciar al mundo del peligro de las guerras y de la escalada nuclear. Pero al mismo tiempo el pacifismo ha derivado hacia un cuestionamiento de cualquier tipo de fuerza institucional, como la policía o el ejército. El pacifismo se ha ido escorando hacia planteamientos anarquistas o permisivistas. Y paradójicamente, en algunos casos ha derivado hacia  formas de violencia, incluso el terrorismo.

Hablemos del ecologismo...
Ha pasado algo parecido. Lo hemos reducido todo a los índices de contaminación. Y sigue faltando una concepción más renovada de lo que es la Naturaleza, que no es solo el conjunto de seres vivos que cubren la Tierra. Ese es su sentido romático. Se refiere más bien a la lógica interna de cada realidad. Por ejemplo, cuando hablamos de la naturaleza del "hombre" o la "mujer" no nos referimos primordialmente a lo que son de hecho, sino a lo que racionalmente deben ser.

Del nacionalismo no podrá quejarse. En España se habla mucho de esto últimamente...
A mediado de los 80 yo esperaba un reverdecer del amor a lo genuino, a lo propio, al apegamiento a la tierra en su sentido más maternal y humano... el resultado ha sido una cosa política y sobre todo oportunista.

¿Lo dice por la situación en Cataluña? A Artur Mas se le acusa de oportunista
En el caso catalán es algo obvio: no niego que exista un sentimiento nacionalista auténtico, pero ahora se ha exacerbado como parte de un movimiento político para salvar una situación política desfavorable.

¿Por qué ese nacionalismo español?
No sólo ocurre aquí. Es un fenómeno recurrente en todo el mundo. Ahora sucede también en Grecia o Hungría. En situaciones muy malas, hay gente que propone soluciones que no son tales.

“EL IMPERIO DE LOS SENTIMIENTOS NO ES BUENO EN POLÍTICA”

¿Qué recursos tiene la sociedad para plantear otras alternativas a la gente desesperada?
El jurista Rafael Domingo proponía algo muy interesante. Distinguía haber tres planos de interdependencia: la región, el Estado y las grandes configuraciones supranacionales. La relación en estos tres planos debía estar basadas en leyes como la solidaridad, ese sentimiento de unidad que surge de los objetivos comunes, o el principio de subsidiariedad, es decir, que aquella necesidad que pueda satisfacer la unidad pequeña no lo haga la grande. Sería una alternativa, pero lo veo difícil, porque requiere pensar, y hay demasiada gente que no está interesada en eso.

Tras su reunión con Rajoy, Artur Mas, apelaba a los sentimientos del pueblo catalán. Decía que eso no lo podía cambiar nadie.
El imperio de los sentimientos no ha sido nada bueno ni para la política ni para la historia. Soy de Madrid, pero mi infancia transcurrió en Ribadesella. Me emociona escuchar una asturiana bien cantada... pero no daría un paso por anexionarme un pueblo de Cantabria. Sería ridículo. La emotividad nacionalista es un síntoma, y muy negativo. Te aferras a lo inmediato cuando no te queda otra cosa. Y lo más inmediato termina en el clan, el padrino, la mafia...

Aún así, usted cree que existe un nacionalismo, por así decirlo, “aceptable”.
Puede existir un nacionalismo con un amplio sentido cívico y una visión humanista. Ahí juega su papel la cultura. Últimamente leo mucho a Thomas Mann, uno de los grandes escritores de principios del siglo XX. Siendo muy alemán, no era nacionalista ni pensaba que su país fuera el summum. En su doktor Faustus, el personaje principal refleja el carácter demoníaco de ese tipo de nacionalismo.  Por eso era odiado por los nazis y tuvo que exiliarse. Y cuando terminó la guerra, se estableció en Suiza, no en Alemania. Cualquier manifestación cultural reducida para estos propósitos también lo tiene.

“HAY QUE TENER MUCHO ESTÓMAGO PARA ENTRAR EN EL PP O EL PSOE”

Además de estas disidencias nacionalistas, también han surgido movimientos sociales espontáneos que quieren regenerar la vida política.
El 15M me pilló en Madrid y pude observarlo de cerca. Una alumna mía participaba en el grupo coordinador y a través de ella confirmé una idea que ya tenía: se trataba de gente civilizada. El fenómeno me pareció interesante. La gente se daba cuenta de que debía participar, y no podía hacerlo a través de los partidos... porque no te dejan. Cuando uno entra en un partido, los demás militantes te ven como un rival, sobre todo si eres listo. Hay que tener mucho estómago para entrar en PP o PSOE.

Se les acusó de ser de un movimiento para alterar la previsible victoria electoral del PP.
No parecían tener mucho interés en el resultado de las elecciones. Por lo que pude averiguar a través de mi alumna, detrás del 15M no estaba la izquierda como tal, sino muchos voluntarios de ONGs. El 15M apareció como un ideal de participación directa. El problema es que es muy difícil mantener algo así. Al final quedan los que quieren leña. Los otros se retiran. Una cosa que está fundada en las manifestaciones no se sostiene.

¿Cree que las nuevas tecnologías realizar el ideal la democracia directa?
Puede ayudar en el sentido instrumental, pero sólo los procedimientos no te cambian la sustancia. Lo más importante es la participación personal, el discurso y el nivel educativo de la gente que tienen que decidir entre lo bueno y lo malo. El español tiene sentido común. Establece la relación entre causa y efecto. Pero sería bueno que hubiera más lugares de reflexión. Yo soy partidario de los grupos pequeños. Es donde mejor se interactúa.

(Leer la segunda parte de la entrevista: "El cristianismo debe hablar más de los santos y menos del aborto").

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