viernes, 10/02/2012 - 04:21 h
La ONG francesa "Planet Roller" ha llevado el patinaje en línea a Yemen con un objetivo: fomentar el conocimiento y -sobre todo- el entendimiento entre culturas tan dispares como la europea y la yemení. El peculiar proyecto lleva más de una década llevando su mensaje a países como Cuba, Tahití o Senegal.
(Saná, Yemen). Quizás la culpa fue de la vestimenta…
Unos 200 jóvenes yemeníes se reunieron para observar el paso de una veintena de extranjeros patinando por la capital. Todo les llamó la atención, desde las rodilleras y los cascos negros hasta –obviamente- los ajustadísimos pantalones cortos. Sus caras lo decían todo: encantados, inquisitivos y con aire de reprobación o simplemente estupefactos.
El grupo de estudiantes y algunos minusválidos aplaudía y agitaba banderas yemeníes. La actividad era parte de una visita programada a la ciudad.
“Ese es precisamente el objetivo. Queremos mostrarles cosas que nunca han visto”, afirma la francesa Claire Leonard, presidenta de Planet Roller, la organización que ha llevado el mundo del patinaje a Yemen.
El grupo de entusiastas patinadores, desde adolescentes hasta sesentones, ha pasado poco más de una semana en Yemen, enseñando a patinar a los niños, regalando patines y explorando una nueva cultura. La visita se enmarca en una serie de actividades juveniles –apoyada por las autoridades yemeníes- para promover la tolerancia como una forma de ayuda internacional.
El centro cultural francés de Saná –financiado por El Elíseo- cuenta con un pequeño programa teatral para universitarios y ofrece clases semanales de break-dance, exposiciones y conferencias donde los jóvenes yemeníes pueden presentar sus obras de arte y expresarse libremente.
El año pasado, los centros culturales de Alemania y Francia organizaron un concierto en el que unos adolescentes yemeníes presentaron un espectáculo de bailes tradicionales mezclados con hip-hop y rap. Algunos grupos de ayuda de Estados Unidos también han expresado su interés en apoyar un club montañista para que los jóvenes puedan descubrir su propio país.
“La idea es orientarlos para que puedan comenzar y que lo hagan por su cuenta”, explica Cloe Vaniscotte, directora de la sección cultural del centro cultural francés. Vaniscotte calcula que si bien sólo participa un número relativamente pequeño de jóvenes –normalmente entre 20 y 25- la “repercusión” es mucho mayor. “Se lo comentan a sus amigos y a sus familias y así se corre la voz”, añade.
En un lugar como Yemen, donde el sentimiento anti-occidental –y en especial anti estadounidense- es particularmente fuerte, los representantes internacionales y algunos políticos yemeníes reconocen la importancia de dar otra visión a los jóvenes para asegurar la paz y el futuro de Yemen.
El país padece de una pobreza crónica y se calcula que un 40 por ciento de la población no tiene trabajo. Un porcentaje aún mayor es analfabeto y muchos se han dejado atraer por una interpretación más conservadora –y a menudo más intolerante- del islamismo.
En Yemen “existe una cultura preponderante de la yihad [guerra santa]”, según Assan Zaid, líder de la coalición opositora. El político afirma que los programas escolares, las miles de escuelas religiosas financiadas por Arabia Saudí y algunos medios de comunicación yemeníes “se han unido para extender la creencia de que se puede matar a cualquiera que no sea como tú. Digamos que si Osama bin Laden viera esto, estaría muy orgulloso”, reflexiona.
Si bien los conciertos de hip-hop y los patinadores franceses no van a acabar con el problema del desempleo juvenil, es un paso en la dirección correcta, afirman los organizadores franceses.
“La otra noche, cuando fuimos a patinar por el casco antiguo, pudimos hacer un intercambio entre ellos y nosotros”, afirma Romain Nicolas, de 34 años, y experto en informática en París. “Para ellos, no éramos simplemente turistas, éramos gente que se divertía, que hacía algo nuevo. Los patines cambiaron la perspectiva de cada uno de ellos”.
Muriel Renard, que habitualmente trabaja en París, espera que Planet Roller ayude a acabar con algunos estereotipos sobre los occidentales y que también que sirva para mostrar a los franceses que Yemen es “mucho más que Al Qaeda”.
“Es verdad. Todo lo que la gente oye de Yemen en Francia es que aquí está Al Qaeda, que hay terroristas y que es peligroso”, afirma Khadija al-Salami, escritora yemení y funcionaria de la embajada de Yemen en París que acompañó a los patinadores hasta Saná. Yemen acaparó las portadas después que algunos miembros de Al Qaeda –con sede en el país- se atribuyeran el atentado contra un avión que hacía la ruta Amsterdam-Detroit, la Navidad pasada. Muchos de los patinadores que iban a venir, se retiraron, le dijo al-Salami a Leonard.
“Existen ideas equivocadas en ambos lados”, afirma al-Salami. “Antes de ir a la universidad en Estados Unidos, la gente me decía que tuviera cuidado. Me decían: ‘no uses joyas, te cortarán los dedos’. Es verdad: la gente necesita encontrarse para entenderse”.
Planet Roller ya había estado con un equipo de patinadores en Yemen en 2006. Desde su fundación, en 1999, la organización ha llevado cientos de patinadores a más de una decena de países, entre ellos, Cuba, Túnez, Tahití y Senegal.
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