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lunes, 29/12/14 - 17: 53 h

seguridad ciudadana

Guatemala deja la seguridad ciudadana en manos de la iniciativa privada

Ezra Fieser | GlobalPost

jueves, 25/03/10 - 08:30

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En los últimos diez años, los asesinatos han crecido un 145 por ciento en Guatemala. Mientras el Gobierno empieza a reaccionar, los ciudadanos y dueños de pequeños negocios recurren a guardias de seguridad privados con escasa o nula experiencia para que les protejan.
En Guatemala, la seguridad ciudadana está en manos de empresas privadas y efectivos sin experiencia  -Foto: iStockPhoto
(Ciudad de Guatemala). Hace un año Domingo Castillo Yoc vivía con tres hermanas y sus padres en un pueblo de la zona rural de Guatemala. El machete que utilizaba en la granja familiar era el arma más peligrosa que había sostenido en su vida.

Hoy, con un revólver del calibre 38 especial y unos cuantos cartuchos colocados alrededor de su cintura, vigila a las puertas de un pequeño negocio de mensajería en un barrio poco fiable en la peligrosa Ciudad de Guatemala. “La paga es mucho mejor aquí. No había muchos trabajos en mi pueblo”, dice Domingo, de 20 años, en el suave español que aprendió en la escuela primaria, porque en su casa se habla el dialecto maya. “Siempre se encuentra trabajo como guardia de seguridad”.

En la capital de Guatemala los guardias de seguridad empleados por las compañías privadas superan en número a las fuerzas policiales en una proporción de siete a uno. A lo largo de América Latina las fuerzas de seguridad privadas superan con creces los efectivos de la policía. Incluso en EE UU hay más guardas privados que policías (1,09 millones frente a 883.000, según la Oficina de Estadísticas Laborales).

Pero en pocos lugares son los guardias privados tan habituales como en América Central, que fue considerada el año pasado por la ONU la región sin conflictos bélicos más peligrosa del mundo. Guatemala sola tiene entre 100.000 y 150.000 guardias, aunque el número exacto se desconoce porque la mayor parte de las compañías privadas de seguridad no están registradas o son ilegales. Por el contrario, el país tiene en torno a 22.000 agentes de policía en activo.

El Gobierno de Guatemala no impone una formación mínima, edad o experiencia a los guardias privados. En torno a tres cuartas partes de ellos proceden de zonas rurales, de zonas generalmente pobres donde el español es la segunda lengua y pocos han estudiado más allá de primaria.

Desde que en 1996 terminó la guerra civil de 36 años que dividió el país, el crimen ha ido a más y la policía no consigue proteger eficazmente a los ciudadanos. Tanto los habitantes de las ciudades como los propietarios de negocios consideran que el aumento de la seguridad privada es una respuesta natural al aumento de la criminalidad.

En los últimos 10 años los asesinados han aumentado en Guatemala un 145 por ciento, sumando un total de 6.498 en el año 2009, según estadísticas de la ONU.

Los acuerdos de paz de 1996 tras la guerra civil desmantelaron el cuerpo policial existente y lo sustituyeron por un organismo totalmente nuevo: la Policía Civil Nacional. Aunque desempeña labores tradicionales de la policía, este cuerpo carece de formación suficiente, no está bien pagado y, en muchos casos, es corrupto.

A principios de mes, el jefe de la Policía y zar antidroga fue arrestado por su supuesta implicación en operaciones de narcotráfico. Es la segunda vez en dos años que el mando superior de la Policía es destituido en Guatemala por acusaciones de delitos.

El fin de la guerra civil hizo que se instalasen infinidad de empresas internacionales de seguridad en el país. Un listado de las compañías de seguridad privada que operaban en Guatemala en 2008 muestra que antes de 1990 sólo había 21 de estas empresas, y que durante el periodo de calma relativa de la década de 1990 se crearon otras 56. Ése es el germen del panorama actual del sector, con infinidad de empresas nacionales e internacionales, unas legales y otras ilegales.

El gigante de la seguridad estadounidense g4s, conocido anteriormente como Wackenhut Corporation, emplea actualmente a más guardias que cualquier otra empresa en Guatemala. Se instaló oficialmente en el país en 1980 y hoy tiene en nómina unos 5.300 empleados.

Max Heurtematte, vicepresidente regional de la compañía, asegura que los problemas han aumentado porque el Gobierno no tiene control alguno sobre el sistema. El Gobierno debe asegurarse de “que los guardias hablen español, haciendo que pasen un examen de idioma básico,... y de que son lo suficientemente maduros como para manejar esa responsabilidad. Para eso, necesitamos una sencilla evaluación psicológica”, afirma.

Su empresa ofrece 50 horas de formación a los nuevos empleados, la mitad de ellas dedicadas al manejo de armas de fuego. El Gobierno está preparando un programa para supervisar las empresas de seguridad.

En una nota del 26 de noviembre de 2009 el Ministerio del Interior guatemalteco afirmaba haber ordenado a la Policía “implementar un plan para supervisar y controlar, a nivel nacional, todas las empresas de seguridad privadas”. Dicho plan incluiría identificar a las empresas que operan legalmente y registrar las armas y el equipo que utilizan.

Actualmente, las empresas de seguridad registradas no están obligadas a comprobar el historial criminal de sus empleados. Algunos guardas han estado implicados en tiroteos utilizando armas no registradas. Recientemente, un guardia de 50 años fue arrestado tras disparar y matar a un hombre desarmado de 20 años en un centro comercial. La víctima parecía estar borracha, según declararon algunos testigos.

Mal pagados a pesar de todo, con un salario mínimo que ronda los 2.750 dólares (2.058 euros) al año, o a veces menos, algunos de estos hombres acaban por delinquir. En enero, cinco guardias fueron arrestados por su supuesta participación en el asesinato de los propietarios de una fábrica que se suponía que tenían que proteger.

“Este es uno de los mayores problemas de seguridad del país”, dice Raúl Monzón, subdirector de la Oficina de Derechos Humanos del Gobierno. “Hay poca formación, no saben cómo usar una pistola, y están por todas partes”.

Mientras sale o no adelante el plan indicado por el Gobierno, guardias armados con escopetas y viejos revólveres continúan protegiendo las puertas de los negocios y las casas de los barrios más acomodados.

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