Cincuenta años después del episodio que entonces más conmocionó a la sociedad israelí, uno de sus captores, Rafi Eitan, asegura que la elección de Eichmann para que sirviera de símbolo de la persecución por la justicia del horror nazi fue una "mera casualidad". "Isser (Harel, entonces jefe del Mosad) ya tenía la idea hecha.