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jueves, 21/08/14 - 05: 36 h

evento religioso

Papas españoles: sol y sombra en el Vaticano

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sábado, 20/08/11 - 07:00

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Desde la defensa de los enclaves cristianos contra la invasión turca, hasta la canonización de Juna de Arco, o los excesos que dieron lugar a una leyenda negra, la historia de los Papas de origen español tiene grandes claros y algunos agujeros.
De los 263 Papas distintos que ha tenido la iglesia desde San Pedro, 205 han sido italianos. Sólo un pequeño grupo de extranjeros ha tenido acceso a encabezar desde Roma el catolicismo, entre ellos 19 franceses, 14 griegos, seis alemanes y únicamente tres españoles.

Uno ha sido reconocido como santo, Dámaso I, mientras que los otros dos, Calixto III y Alejandro VI –miembros de la controvertida familia Borgia–, han pasado a la historia por su defensa armada de la cristiandad o su leyenda negra.

El primer jefe de la iglesia nacido en la Península Ibérica fue Dámaso I, Sumo Pontífice del año 366 al 384. A pesar de que los italianos defienden su origen romano, sus padres eran españoles, de origen galaico, y los historiadores localizan su nacimiento en Egitania, actualmente territorio del este de Portugal fronterizo con nuestro país.

Fue el Papa número 37 y su pontificado no fue sencillo. Su pontificado coincidió con la subida al trono de Constantino I y la división entre el Imperio Occidental y Oriental romano. Tuvo que enfrentarse al antipapa Ursino, que negó a reconocerle como Papa y se autoproclamó obispo de Roma en 366.

Desde la muerte de Dámaso I, que posteriormente sería santificado por su fe y su labor al frete de la iglesia, tendríamos que esperar más de mil años para volver a ver un Santo Padre de origen español. En realidad fueron dos, casi seguidos y de la misma familia valenciana: los Borja o, como se les conoce habitualmente, los controvertidos Borgia.

Inicio de una dinastía

Calixto III, cuyo nombre real era Alfonso de Borja, que fue Papa del año 1455 al año 1458. Nació en Canals, Valencia, el 31 de diciembre del año 1378. Los historiadores cuentan que su elección fue adelantada por San Vicente Ferrer, que le aseguró en un encuentro entre ambos que “tú serás Papa y a mí me harás Santo”.

En su breve, pero intenso, pontificado –tres años y cuatro meses–, Calixto III tuvo tiempo para frenar a los turcos en Belgrado tras la caída de Constantinopla y organizar una cruzada para liberar sin éxito la antigua capital del Imperio Romano de Oriente.

A pesar de su aire beligerante, también logró enriquecer al Vaticano, además de pasar a la historia como el Papa que beatificó a Juana de Arco y canonizó a su paisano San Vicente Ferrer, cumpliendo anticipada por el santo.

Este buen recuerdo de Calixto III cambió con la llegada a Roma de su sobrino Rodrigo Borja, quien una vez en Italia cambió su apellido por uno de sonido más italiano, Borgia, y fue nombrado cardenal con tan sólo veinticinco años.

La leyenda negra

Lo cierto es que de Rodrigo de Borgia, Alejandro VI, proclamado Papa en 1492, se cuentan pocas cosas buenas. Elegante en sus maneras, persuasivo y alegre, resultaba irresistible para las mujeres. Este argumento fue utilizado por sus enemigos para manchar su imagen hasta el punto de que se llegó a rumorear que tuvo un idilio con su hija, Lucrecia.

Nacido en Játiva, Valencia, cuando Rodrigo Borja llegó a Roma, cambió su apellido por uno de sonido más italiano, Borgia, y fue nombrado cardenal con tan sólo veinticinco años. Pronto llegaría a convertirse en Sumo Pontífice.

Su fama de conspirador ya le precedía incluso antes de convertirse en la cabeza visible de la Iglesia Católica. Se comenta que durante la ceremonia de investidura, Giovanni de Médici le susurró una frase al cardenal Cibó al oído: “Ahora ya estamos en las garras del que quizá sea el más sanguinario de los lobos, o huimos o, qué duda cabe, nos devorará a todos”.

No se equivocaba. A Alejandro VI se le ha acusado de ganar su elección papal mediante chantajes a los cardenales y de tener una especial habilidad para envenenar a sus enemigos.

Mito o realidad, lo cierto es que la agitada vida del último Papa español, Alejandro VI, y sus descendientes han dado como para llenar cientos de miles de páginas de libros, decenas guiones de cine y jugosas horas de televisión.

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