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lunes, 29/12/14 - 14: 37 h

religión y credos

La Iglesia posee catedrales, museos, palacios... ¿Pero de qué pobreza habla este Papa?

Juan Bosco Martín Algarra

miércoles, 20/03/13 - 06:00

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  • Iglesias fastuosas, miles de obras de arte, millones de presupuesto... ¿por qué habla de “pobreza” el jefe del Estado Vaticano?
  • Un jesuita experto en Moral Social y un historiador franciscano explican en qué consiste la pobreza cristiana, según la mentalidad del nuevo papa Francisco.
Imagen del monasterio franciscano del Palancar (Cáceres) donde se aprecia la austeridad de la arquitectura  -Foto: Photaki/José Ramón Pizarro

El Vaticano presentó en 2011 un presupuesto de 306 millones de dólares y un déficit superior a los 18 millones, según datos públicos de la inteligencia norteamericana. Como cualquier Estado, la Santa Sede maneja cuentas millonarias para garantizar el funcionamiento de una compleja administración. Gran parte del dinero proviene de donaciones de todo el mundo. Otra parte, de los beneficios que genera su inmenso patrimonio artístico. Sólo los museos vaticanos recaudaron 91.300.000 euros en 2011, tal y como informó la agencia de noticias vaticana.

En la misa inaugural de su pontificado celebrada ayer, el Papa Francisco pidió a los líderes del mundo presentes una especial atención a los más pobres. Pero... ¿predica la Iglesia con el ejemplo? Muchas instituciones de la Iglesia, no sólo Cáritas (que 2011 ayudó a casi 2.000.000 de personas sólo en España), sino también parroquias y órdenes religiosas, atienden a personas necesitadas por todo el mundo.

Entonces ¿a qué se refiere el entonces cardenal Bergoglio cuando exigía los miembros de Cáritas “más pobreza espiritual” en este vídeo?
Lainformacion.com ha consultado con dos sacerdotes de carismas muy cercanos al nuevo Papa: un franciscano profesor de Historia de la Iglesia, José García, y un teólogo jesuita experto en Moral Social, Ildefonso Camacho. Las reflexiones de ambos pueden resumirse en estas cuatro notas características que definen la pobreza cristiana:

1. Los recursos materiales son para todos

El mundo tiene capacidad para abastecer a todos sus habitantes sin exclusión. Es un imperativo moral (y cristiano) que nadie pase necesidad. Sin embargo, dos mil millones (datos de Unicef) viven con menos de dos dólares diarios. El carisma franciscano, más que ayudar a los pobres, hace hincapié en el hecho de compartir. “El mundo está lleno de gente sin recursos: la Iglesia debe sintonizar ella”, explica el padre José García. La espiritualidad franciscana está impregnada de popularidad y de universalidad. De ahí que su predicación sea muy sencilla y accesible, para que pueda ser entendida por todos.

2. Los más necesitados son una prioridad

San Francisco de Asís era hijo de un próspero comerciante. Pero queda impactado, en palabras del Padre José García, “de la infinidad de gente a su alrededor que estaba en fuera de juego: sin qué comer o vestir”. En opinión el profesor Camacho, vivir la pobreza cristiana implica que, en primer lugar y como hizo Francisco, “se tome conciencia de que esta situación de exclusión existe, y que ante ella no podemos encogernos de hombros sin más. El cristiano debe ponerse al lado del más débil”.

Según este jesuita, esta toma de conciencia es un paso crucial, que se concreta en decisiones muy prácticas. Pone como ejemplo al Papa Francisco: ha pedido a los argentinos que querían acudir a la misa inaugural que no lo hicieran, y que dieran a los pobres el dinero que tenían previsto gastarse en el pasaje. El catecismo de la Iglesia Católica, además, recuerda que “el desprendimiento de las riquezas es obligatorio para entrar en el reino de los Cielo” (punto 2544).

3. La vida austera es una liberación

El uso moderado de los bienes permite compartirlos con otros. También supone, según el padre José, una liberación personal: “Jesús no entiende la pobreza como una desgracia, sino como una condición para poder ser rico interiormente”. Así se lo dice (“vende lo que tienes y tendrás un tesoro en el cielo” al joven rico del Evangelio.

Sin embargo, Jesús no rechaza “per se” las cosas materiales: a su alrededor había mujeres “que le servían con sus bienes” (Lc 8, 2-3); tenía amigos acomodados, como Zaqueo; recibió de buen grado un regalo de 300 denarios (Jn, 12, 5) y comió con publicanos... El cristianismo admite el uso y disfrute de los bienes, pero no de cualquier modo. Entiende que no existe un uso adecuado de esos bienes si acarrea la exclusión del prójimo.

4. Hay que usar los recursos de manera coherente

¿Debe la Iglesia vender su patrimonio artístico? “No me parece que sea la solución”, responde el profesor Camacho; “la cuestión no es vender los bienes artísticos, sino adecuar todos los recursos a su finalidad adecuada”. En este sentido, cabe cuestionarse “si la estructura de la Iglesia es racional y eficiente para la misión encomendada”. Pone como ejemplo las universidades u hospitales: requieren grandes inversiones, pero están bien empleados si sirven a su objetivo: educar y sanar.

También recuerda que la gestión de los recursos eclesiásticos debe ser transparente, “cosa que no siempre ha ocurrido”, y que sus inversiones financieras no respalden actividades incompatibles con los derechos humanos, como la explotación laboral.

Entonces, ¿en qué consiste el voto de pobreza?

Los jesuitas como el papa Francisco hacen un voto de vivir en pobreza. El profesor Camacho lo explica así: “este voto significa en sentido estricto que yo no puedo ser propietario de bienes”. Pero el espíritu de pobreza va más allá: "exige vivir en austeridad. Exige usar los bienes materiales como medios al servicio de la misión. Pero hay misiones que exigen medios costosos...". No se trata por tanto de “absolutizar el concepto de pobreza, sino de poner los bienes propios al servicio de los demás”.

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