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miércoles, 26/11/14 - 18: 32 h

papa

Celestino V, el otro Papa que dimitió hace 700 años

Juan Bosco Martín Algarra

lunes, 11/02/13 - 12:49

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  • Varios pontífices han dimitido a lo largo de la historia, la mayoría de en el contexto de disputas vaticanas.
  • Celestino V fue el único que lo hizo voluntariamente, y acabó sus días en la cárcel a pesar de su fama de santidad.
Antes de Benedicto V, el papa Celestino V renunció al cargo de manera voluntaria

La renuncia del Papa Benedicto XVI es insólita, pero no única en la Historia. Hace algo más de 700 años se produjo la renuncia más conocida del Papado, la única voluntaria. Corrió a cargo de Pietro Angeleri di Murrone, que accedió al primado de la Iglesia con el nombre de Celestino V.

Su vida transcurrió en el siglo XIII. Era el menor de una humilde y piadosa familia de doce hermanos, natural de la región de los Abruzos, en el centro de Italia. La matriarca del clan soñaba con que uno de sus hijos se hiciera cura. Fue el menor de todos aquel que cumplió el sueño materno cuando se ordenó sacerdote.

No fue un clérigo de los de “hacer carrera”. Quería vivir solo, orando y alabando a Dios, con el asesoramiento esporádico de su director espiritual. Con el tiempo, su fama de santidad fue expandiéndose a su alrededor, lo que suscitó la aparición de nuevos conventos de ermitaños.

Se hizo famoso, y muy querido, al punto que no faltaron quienes, tras la muerte del papa Nicolas IV, propusieron que Celestino le sucediera.  Los cardenales electores de entonces se habían dividido en dos bandos, que pasaron discutiendo hasta dos años sobre el sucesor.

La tardanza se hizo insostenible y los cardenales optaron por una solución de consenso: elegir a un monje viejo (es decir, que durara poco) y con fama de santo. Celestino, que ya contaba 80 años no lo podía creer. De hecho, cuenta la tradición que se puso a llorar tras conocer la noticia, por lo aterrado que estaba.

No era para menos. Celestino desconocía los intríngulis de la política vaticana, por aquel entonces un actor político fundamental. Ni siquiera sabía latín, el idioma vehicular en la Curia. No entendía de Derecho Canónico. No tenía dotes de gestión ni de dirección de personas. No había dado una orden en su vida. No estaba acostumbrado a la vida social y, menos aun, a moverse en ambientes de poder e intrigas.

Finalmente, a los cinco meses de su nombramiento, decidió marcharse. Preguntó si había algún reglamento que permitiese la renuncia del Papa y, al no existir, lo creó él. Reunió a los cardenales, les dijo que dimitía en virtud de dicho reglamento y allí mismo se despojó de los hábitos episcopales. Luego se vistió con su viejo sayal de monje y se marchó. Era el 13 de diciembre de 1294.

Los cardenales eligieron a Bonifacio VIII, que decidió meter en la cárcel a su antecesor. Cuenta la tradición que estas fueron las palabras de Celestino cuando entraba en prisión: “Siempre deseé tener una celda apartada de todo y llena de silencio para poder dedicarme a la oración. Y esa celda me la han dado aquí. ¿Qué más puedo pedir?”. Murió en prisión a los pocos meses.

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