ESTAMBUL – Primero fue Gran Hermano, sobre el cual muchos tenían algunas dudas.
Después vino El gran donante, un producto holandés altamente cuestionado en el que los candidatos – no los concursantes- competían para donar un riñón a un paciente terminal.
Y cuando parecía que los programas de televisión no podían rizar más el rizo, llegan los turcos con El concurso de los Arrepentidos. La premisa de este programa de telerealidad parece un poco un chiste antiguo: “Qué pasa si pones en una habitación a un rabino, un monje budista, un sacerdote griego ortodoxo, un imán y diez ateos”.
El programa reúne a líderes locales de las cuatro religiones que tratan de convertir a un grupo de diez ateos, todo en directo. El concurso de los Arrepentidos se emitirá en Kanal T a partir de septiembre.
Vacaciones como premio
¿Y el premio para quienes descubren una nueva relación con el Todopoderoso? Un peregrinaje con todo pagado al lugar santo de la religión escogida: la Meca para los musulmanes, el Vaticano para los cristianos, Jerusalén para los judíos y el Tíbet para los budistas.
Sólo pueden participar no creyentes. Una comisión de ocho teólogos evaluará los antecedentes ateos de los posibles concursantes antes de decidir quien participa en el programa.
Comencemos con las objeciones a esta fusión entre fe y espectáculo de quienes argumentan que se estaría haciendo una retransmisión de la salvación. La Dirección estatal de Asuntos Religiosos de Turquía ha prohibido, por el momento, que asista un imán al programa con el argumento de que el formato trivializa lo que se supone que es una decisión profundamente personal.
“Hacer algo como esto para aumentar la audiencia es irrespetuoso con todas las religiones. La religión no debería ser objeto de programas de entretenimiento”, afirmó Hamza Aktan, presidente del Alto Consejo de Asuntos Religiosos, en unas declaraciones a la agencia estatal de noticias Anatolian ante el anuncio del programa.
La religión es un tema sensible en una Turquía predominantemente musulmana pero que cuenta una constitución estrictamente laica, que prohíbe la mayoría de las muestras públicas de devoción.
Otros, sin embargo, ven el programa como un aliciente para aumentar la intolerancia, bastante extendida, hacia el ateísmo. “El tema central del programa es convertir ateos, como si tuvieran algo malo y hubiera que curarlos”, argumenta Selma Ergec, bailarina, sentada cerca de un café de la frecuentada calle Istiklal, en Estambul. “Sí, soy musulmana. Pero nadie debería manipular e intentar cambiar las creencias a través de un concurso”.
Los creadores del espacio insisten en que El concurso de los Arrepentidos desea que la gente tome conciencia de otras religiones, no de burlarse de ellas.
“El proyecto tiene por objetivo conducir hacia Dios a los no creyentes”, declaró Ahmet Ozdemir, subdirector del canal, a la publicación Hurriyet Daily News and Economic Review.
Consignas publicitarias
El eslogan del programa es una declaración hacia esos objetivos. La publicidad va desde mensajes como los de las galletas de la fortuna (“En este concurso encontrarás la serenidad”) hasta consignas de un descanso religioso (“Te damos el mayor premio de la historia: representamos la creencia en Dios”)
“No aprobamos el que alguien sea ateo. Dios es fantástico y no importa la religión en la que se crea. Lo importante es creer”, declara Seyhan Soylu, consejero delegado de Kanal T.
También está el problema de los concursantes que, ante la idea de tener unas vacaciones pagadas, afirmen haber visto la luz de la salvación. El programa promete que los conversos afrontarán una rigurosa investigación para garantizar la legitimidad de su proceso religioso.
“No pueden tomarse este viaje como una escapada de vacaciones, se trata de una experiencia religiosa”, afirma Ozdemir. Sin embargo, la forma en que realmente se compruebe la determinación [de los concursantes] sigue siendo una incógnita.
Nilufer Narl, sociólogo de la Universidad Istanbul Bahcesehir, argumenta que el programa centra la atención en el tema de la identidad religiosa en Turquía. Algunos grupos de derechos humanos han expresado su preocupación por la libertad religiosa de los no musulmanes.
“Se trata de despertar la curiosidad hacia la religión”, señala Narl, quien añade que durante los diez últimos años ha habido un incremento en el interés de la gente por temas como la religión.
Al parecer ya hay ateos en busca de unas vacaciones o de la salvación. Se han inscrito más de 200, ansiosos de intentar creer o no creer. Diez de ellos serán seleccionados para el estreno del programa. Todo esto nos deja con una última pregunta: “Qué ganan los ateos que logran que uno de los religiosos abandone su fe?”, pregunta Ergec, con una sonrisa.
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