Veinte años no es edad para morir. Son, sin embargo, los que tenía Daul Kim cuando el pasado 19 de noviembre tomó la irreparable decisión de ahorcarse en su céntrico apartamento parisino. La modelo coreana, que llevaba posando desde los once años, se había convertido en uno de esos rostros indispensables en las pasarelas internacionales. Versátil y camaleónica. De lánguida figura y fuerte personalidad. Al menos, aparentemente. Pero ni la fama ni los «flashes» ni el dinero acababan de colmar sus aspiraciones.