Los neones de la Avenida Juárez se extinguen en silencio. Los que resisten, tintinean adormecidos por la salmodia de un zumbido incandescente. La agonía de la principal arteria nocturna es el síntoma más evidente de la muerte de cualquier ciudad, más aún de la que fue pujante capital industrial de Chihuahua: la violenta Ciudad Juárez.