Está escrito a mano en una antigua fotografía. «En los días terribles, en el desencanto». Casi desde el inicio, con la anticipación de los peores augurios, Guillermo Cabrera Infante intuyó que detrás de esa revolución que había empujado al pueblo cubano a las calles aguardaba un rostro que todavía no había visto nadie. «Un amigo me reconoció que él fue uno de los primeros en indicar que esto iba a ser un horror», comenta Miriam Gómez, viuda del novelista.